Algunos juegan a las escondidas
Por Gustavo Carbone
Lógicamente que hoy y por un par de meses, estaremos montados en una campaña electoral que muestra miserias de la conducta humana, que provocan vergüenza ciudadana, en muchos casos.
Algunos dirigentes se manejan desde las sombras. Tienen bien montadas sus estructuras politiqueras estratégicas de acción, a través de personeros o personajes sin escrúpulos generalmente, dispuestos a llevar adelante el “trabajo sucio”.
Así es que hacen gala de la técnica del apriete. Cuanto más ruido y mediatización de los conflictos, (piensan hasta hoy), mejor. Y piensan que es mejor para sus objetivos de búsqueda de espacio de poder permanente.
No sólo dañan la imagen de adversarios sino que dejan un campo raso, fundamento para que se piense en ellos como salvadores oportunos, listos para actuar.
Es muy triste ver como se ha rebajado hasta la mínima expresión el destino primero y último de la política y los políticos, o de quien sea dirigente en cualquier actividad.
El bien común se ha ausentado de manera generalizada de los escenarios donde tuviese que estar, como bandera y como demanda insoslayable a quiénes tienen que accionar, orientar y encontrar soluciones que lo plasmen efectivamente.
PIEDRA LIBRE
Ha dejado de ser un juego de niños el de las escondidas. Ahora lo han adoptado los grandes. Y da vergüenza ajena verlos jugar a ellos.
También sentirán vergüenza propia en algún momento, cuando tomen la dimensión grotesca que adquieren sus acciones, y cuando se convenzan de los daños irreparables que le provocan a la gente.
Los funcionarios de oficialismo y oposición tienen que enfrascarse en la búsqueda de soluciones de fondo, en problemas que llevan muchas décadas de vanas promesas jamás cumplidas.
Las promesas que se plantean en campañas electorales por ejemplo. Como ésta, apurada sólo por intereses de conveniencia.
Fundadas sólo en el afán de conservar el poder a toda costa. Realizando alquimias, que como al “genio loco” de la historieta, puede llegar a explotarle en las narices con un chirlo ciudadano de millones de votos, que alguna vez tendrá que convencer a los extraviados,.
La gente está harta de rencillas intestinas, de soberbias y jactancias, y está hastiada también de que su vida diaria esté plagada de falta de solución a sus problemas.
Resulta que ahora somos –los ciudadanos- rehenes vergonzosos, dramáticos y trágicos también, de la inseguridad que azota a todo el país.
También hay hartazgo por corrupción estructural, cimentada por la impunidad y la inmunidad de sus delitos, de las que gozan ladrones de los dineros y también de la fe pública.
Además, somos presos permanentes de las internas gremiales o políticas, que se retroalimentan en conflictos a los que nadie parece interesarle una solución estable. Porque no conviene.
Cada pocos meses se reiteran encontronazos para los que desgraciadamente no faltan excusas. En muchos casos pueden ser justas, pero en muchos otros están fomentados por excesos en la lucha por conservar u ocupar más y más espacios de poder.
EL QUE NO ESTA SE EMBROMA
Dirigentes que están emparentados y usufructuando el poder giratorio de una posición a otra, sin vergüenza alguna, operan para descalificar y dificultar el tránsito normal, racional, de nuestra vida diaria.
Se ha elegido la confrontación, por un ejemplo que nace desde lo más alto, basado en la irrespetuosidad, intolerancia y descalificación del otro.
Mediante palabras directas con las que se adorna el insulto. Con las que se siembran dudas. Se multiplican amenazas. Y también mediante el fogoneo desde las sombras de esos conflictos interminables y sucesivos, que desgastan, que corroen.
Resulta que ahora son “geniales” aquellos dedicados a este oscurantismo. Se los reconoce como ágiles, de cintura inigualable y grandes vivos o mejor dicho avivados en el ejercicio de la política.
Basta de salvadores iluminados. Los personalistas, los “istas” de todos los orígenes nos han ocasionado perjuicios recurrentes y continuos a toda la sociedad. A la larga o a la corta.
Pareciese que el que no participa del juego siniestro y para nada infantil de las escondidas, es estúpido al no ser un especialista de la trampa y la falta de malas habilidades.
Muchos son los que creen que el que no está –en el juego- se embroma. Pero se está notando una reacción en los ciudadanos, que a través de manifestaciones sociales espontáneas, preparan la gran lección de las urnas para el próximo, muy próximo, 28 de junio.
Un último comentario sobre lo que más nos toca de cerca en estas horas, el conflicto gremial en la municipalidad de Gualeguaychú. Deseamos cordura, disipar las sombras con los que operan de la mano de intereses políticos personales o de facción, que pulsean en medio de un conflicto que aparece como interminable, intransigente.
Nos preguntamos si no es hora de sincerarse las partes ante toda esta sociedad. Desnudar los elementos que conforman la realidad. Ante sus mandantes, los ciudadanos, o sus afiliados.
¿Cómo lograr y efectivizar que quienes están realmente rezagados en sus salarios, puedan acceder a una posición cuanto menos, de mayor dignidad?.
¿Cómo entender que no se puede con la satisfacción plena de todos?. Cómo entender que se debe realizar un esfuerzo extra en las actuales circunstancias, por parte de quienes están un poco más cómodos en la pirámide salarial?.
En definitiva, frente a frente, cara a cara, sin padrinos o representantes de la discordia, de aquellos que piensan que “cuanto peor, mejor”. Desplazando al lugar que les concierne a los que juegan a escondidas, sólo por un ánimo personal de allanar su camino en el poder o hacia el poder, del futuro.
Resuelvan las cuestiones como debe ser. Liberen a la gente cumpliendo con ella. Solucionando los problemas. Aunque felizmente estén las elecciones a la vista, no queremos ser rehenes ni un día más, de esas luchas intestinas sin destino y degradantes para el pueblo.
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