Alto voltaje generalizado
Por Gustavo Carbone
Todo explota, dice y repite el ex presidente de manera diaria en todos los actos políticos. También a cada rato ya, lo expresa en sus discursos la propia presidenta.
Ni hablar del círculo áulico, los sindicalistas afines y los actores de campaña en todas las geografías. Si no gana el oficialismo, todo se va por la borda. Explota, dicen.
Desde la oposición, también es formidable el lanzamiento en respuesta a tales aseveraciones. Fuego cruzado, con muchas afirmaciones decididamente fundamentadas.
Mientras tanto la ciudadanía, que también tenemos lo nuestro, no somos ajenos al clima. Aportando una buena dosis de hechos claramente contraindicados, como para agravar aún más, la enfermedad institucional que nos cuenta ahora como pacientes crónicos.
Por suerte el escenario preelectoral de Entre Ríos y el de la ciudad, parecen poseer el suministro de la energía con que se debe obrar en campaña (que recién asoma), en un nivel casi normal.
Eso sí, hasta ahora sólo el radicalismo con sus elecciones internas de hace un par de semanas, parecía que usaba la herramienta que corresponde para armar su lista.
Convengamos finalmente, que lo que deberían estar armando en todas las alianzas, no tiene que ser sólo un rompecabezas que colme de satisfacción intereses personales. Están obligados a perfilar caminos nuevos de ejercicio y acción política.
MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Los electrónicos locales, las radios, por un par de jornadas, también mostramos un espectáculo pobre. Y nosotros fuimos partícipes activamente de esa pobreza quizás.
Nos cruzamos con los colegas de la radio LT 41, que sin nombrarnos a nosotros, a los colegas de radio Máxima, e ignorando a los de radio Nacional absolutamente ya que a ellos no se los mencionó siquiera en los comentarios de carga crítica, por el modelo de trato de la información del trágico accidente ocurrido en Arroyo Verde.
Diferentes criterios que le llaman. En realidad la primera reacción, como toda hecha en caliente, suele quedar distorsionada y caer pesadamente sobre el público receptor. A ellos les pedimos disculpas desde aquí.
Lo que corresponde, es discutir en algún foro especial, mirándonos las caras. Es la mejor manera.
En la comunicación esencialmente se debe tender a construir. No a lo contrario.
Solemos caer –los periodistas- en expresiones torpes, inconducentes.
Por difícil que resulte sostener el funcionamiento de un medio, todos y cada uno, todos digo, sabemos del esfuerzo de cumplir religiosamente con el pago de los empleados que hacen posible nuestras emisiones, o impresiones en el caso de los dos diarios locales, por ejemplo, y de las más de dos docenas de emisoras de radio, o un canal de televisión local.
Pero para nada, estamos habilitados para determinar qué debe hacer nuestra competencia, en la administración de sus contenidos.
Es una discusión que en todo caso debemos darla entre nosotros. Para mejorarnos. Para no caer en lo que tanto criticamos a dirigentes, sobre todo a los políticos, desde nuestras tribunas en la que muchas veces, nos sentimos únicos pontífices de la verdad absoluta.
Nosotros también, los periodistas, solemos caer en el error. Desde nuestro ilusorio pedestal, con soberbia, podemos hablar y malversar trayectorias de nuestros colegas como en este caso reciente, o de los demás actores sociales.
Entonces es que se pone en tela de juicio la manera de trabajar y operar que tenemos, con inusual facilismo e irresponsabilidad. ¿Existen pagos o favores, como para decir o hacer tal cosa? ¿Mandamos los mensajes y la información en la dirección que marcan los intereses empresarios de cada uno?. ¿Queremos ser los mejores a fuerza que no exista la competencia? Por qué no, ¿qué tenemos de diferentes los periodistas y los medios, respecto de otros actores sociales?
En realidad debemos ocuparnos de ser mejores cada día. Educarnos en el más amplio sentido de la expresión. Abrir los canales responsablemente y eliminar al máximo todas las expresiones tendenciosas.
Como en toda actividad. Hay buenos, malos, y si se quiere, “peores”, en el ejercicio de esta profesión.
Es la gente a la que servimos todos los días, la que debe juzgarnos. La jerarquía está marcada por la seriedad, cumplimiento y una profunda voluntad de servicio, a la sociedad infinitamente alejada de un puñado de dinero.
EN LA ASAMBLEA
Se atraviesan momentos muy delicados. No se necesita ser muy sagaz. Un amigo muy cercano, aconsejaba con toda sabiduría esta semana, que estuviésemos muy alerta desde el lugar de administradores de contenidos en nuestros medios de comunicación. Ser cautos, expresaba.
Otro amigo decía, la Asamblea debe “tomar” toda la realidad que la circunda. Desde la Marcha, ratificatoria de la Causa de Gualeguaychú y su vigencia indiscutible, a través de un fuerte espaldarazo, hasta el polémico corte que no tiene que ser confundido con su utilización eterna, para una correcta evaluación sobre su lado positivo o negativo.
Pero seguro primará el razonamiento profundo, para conseguir un mayor efecto de llegada, a todos los sectores de toda la sociedad.
Recuperar el espacio perdido, de la compañía y empuje permanente de quienes se encolumnaron desde un principio, y por supuesto aún lo siguen haciendo aunque con algunos reparos, es imprescindible hoy.
No está perdida la fuerza. No puede diluirse la creatividad que caracteriza a este pueblo. Todos debemos ayudar. Todos debemos ceder algo. Todos debemos buscar y encontrar caminos nuevos, que nos reúnan con hermanos del pueblo uruguayo.
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