Año 2015: una carrera que tiene muchos pilotos y pocos mecánicos
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La política está llena de paradojas. Allá por el 2009, antes de las elecciones de medio término, un asesor aconsejó a la Presidenta dar conferencias de prensa. Hablar más o menos regularmente por los medios. ¿Quién fue el consejero? Sergio Massa. Jorge Barroetaveña Por supuesto que aquella golondrina no hizo verano y las conferencias de prensa desaparecieron como se extinguió el intento por cambiar la relación con la prensa. Massa se fue eyectado del gobierno después de sus discusiones con Moreno por el problema con el sector agropecuario y con acusaciones de ineficiente. Quizás en ese momento el ambicioso ex cuadro de la UCEDE empezó a tejer con mayor minuciosidad su futuro político y sus ganas de ser presidente.Un dirigente entrerriano, candidato ahora, que hace pocas horas compartió una charla con el todavía intendente de Tigre fue tan sincero como descriptivo: "Massa habla como si fuera candidato a presidente y está organizando sus equipos para eso". Cada paso que da se inscribe en la estrategia superior de llegar a la Casa Rosada. Cada dirigente que desfila por su despacho y pide sacarse una foto lo sabe y lo percibe. La sucesión para el 2015 ya se juega en la interna peronista y Massa centra casi todas las miradas.En la cúspide del poder en la Argentina descuentan lo que pasará el 27 de octubre. Claro, falta lo más importante, que vote la gente, pero los futurólogos ya pergeñan cómo serán los dos años de mandato que le quedan a la Presidenta y el país que dejará como herencia.El peronismo, muchas veces contradictorio y caótico, sabe que, con más o menos poder, deberá sostener la institucionalidad. Nadie arriesgará nada para empujar una crisis, pero tampoco se quedarán de brazos cruzados esperando el devenir de los acontecimientos.Muchos de los que el 27 se juegan la ropa tienen aspiraciones y quieren atesorarlas casi tanto como los dólares del Banco Central. Gobernadores, intendentes del Conurbano y allegados a la Presidenta no quieren quedar fuera del juego y afilan su estrategia.Del trípode que forman la propia Cristina, Scioli y Massa saldrán una o dos expresiones del peronismo, si no hay acuerdo para una interna nacional. A esta altura, cada punto por encima del 40% que Massa trepa, se aleja la posibilidad de un entendimiento con las huestes sciolistas.Es una cuenta sencilla: más votos, más poder y más posibilidades de imponer condiciones. Hoy Scioli sigue dependiendo de su relación con la Nación y de cuál será el tamaño de la factura que le pasen por una derrota en Buenos Aires. Sutiles pero firmes, los cañones del kirchnerismo buscarán en el bonaerense las causas de la derrota, preservando la imagen presidencial.El pobre Insaurralde parece un convidado de piedra, a quien sus propios compañeros de lista contradicen sin tapujos. Claro, menudo peludo le dejaron hablando solo de inseguridad o de inflación, los dos reclamos que figuran al tope de las demandas.Nadie le podrá negar al hombre que eligió Cristina no haber puesto todo, tratando de sintonizar su discurso en medio de una campaña marcada por temas que lo exceden. Ni la inflación ni la inseguridad son cuestiones que un legislador pueda abordar con chances de solucionar, salvo que sus aspiraciones vayan más lejos, que no es el caso específico.En el gobierno incluso parecen descontar lo que pasará en las urnas y lucen más enfocados en el día después. La Presidenta no quiere sorpresas y por eso fogoneó rápido la media sanción del presupuesto y la prórroga de la Ley de Emergencia Económica hasta el 2015. Justo este año se cumple una década de aquella ley, imaginada para una Argentina al borde del colapso. Pregunta: ¿seguimos igual? No, pero la administración necesita como el agua los márgenes de discrecionalidad que la emergencia le otorga para transitar sin sobresaltos el bienio que le queda por delante.El poder económico de la Argentina, ese mismo que flirteó con el peronista neoliberal Carlos Menem de los '90, el peronista progresista Néstor Kirchner y ahora la también nacional y popular Cristina, se pregunta cuál será la herencia que quedará para el próximo gobierno. No importa a esta altura que sea una sucesión del propio kirchnerismo, otra variante peronista más de derecha o de centro, o el resultado de la alquimia que salga de la experiencia de radicales y socialistas, sino la fría radiografía de la economía del país.Entre tantas incertezas hay algo altamente probable: la Presidenta se irá sin pronunciar la palabra ajuste, usando la inflación para hacer el trabajo sucio. Al que venga le quedará la cuenta pendiente del problema de la falta de dólares, la pérdida de competitividad de las empresas y las producciones regionales y el endeudamiento interno. A favor quedará un país distinto al del 2003, con grandes posibilidades de recuperarse con rapidez y una deuda social morigerada, aunque no extinta.Hasta dónde alcanzarán las señales de cambios antes del 27, sólo las urnas lo saben. Hoy se verá un reportaje que Rial le hizo a la mandataria en Olivos. Y habría más antes de los comicios. Versiones indican que Moreno pagaría los platos rotos aunque suena extraño que, para los códigos del poder, Cristina entregue su comodín, como si cediera a las presiones. Tantas dudas también tienen que ver con la transición que empezó. Y la Argentina, que vive todo a mil por hora, ya está corriendo esa carrera.
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