Ante el avance de la droga y el alcohol
Se acaba de saber que Argentina se ubica en el primer lugar de consumo de cocaína en toda América. Da la impresión que el país pierde, ante la pasividad social, una batalla crucial contra las adicciones.El informe de las Naciones Unidas destruye el mito de que Argentina es un lugar de tránsito de estupefacientes: el consumo de cocaína es similar al que tiene Estados Unidos, un país asociado históricamente con este problema.Comprende al 2,6% de la población comprendida entre los 15 y los 16 años. Detrás de Argentina se ubica Chile, con el 2,4%; Uruguay, con el 1,4; Colombia, con el 0,8; Brasil, con el 0,7; Venezuela, con el 0,6; Perú, 0,5; mientras que, en Paraguay y Ecuador, el índice de consumo alcanza el 0,3%.Eso dice el informe 2010 elaborado por la Oficina Contra la Droga y el Crimen de las Naciones Unidas, para quien ya son más de 200 millones las personas que hacen uso indebido de estupefacientes.La droga deja un tendal de vidas destruidas y es causa de ruptura familiar y comunitaria. También está detrás del aumento del delito: hay estudios que indica que más del 50% de los robos son perpetrados por toxicómanos para costearse el vicio.La sobreoferta de estupefacientes no es sólo un problema de las grandes ciudades. En poblaciones del interior como Gualeguaychú también se verifica la circulación y uso de estupefacientes.Entre nosotros, los mismos jóvenes, blanco de este siniestro negocio, cuentan sin desparpajo quién, dónde y cómo se distribuye la droga. Señalan, por ejemplo, que el tráfico se suele dar en las cercanías de los colegios.Hay vecinos que dicen conocer a los vendedores al menudeo. Algunos dan con lujo de detalles los lugares o locales donde tiene lugar esta comercialización ilegal. Los vendedores se mueven, al parecer, con relativa autonomía.Mientras tanto, se sabe que el alcohol es la antesala de los estupefacientes. Y todas las encuestas, incluso locales, indican un incremento exponencial de su consumo entre los jóvenes.Aquí lo que pesa mucho es la cultura de los fines de semana. Parece que divertirse es emborracharse. Ésa es la consigna juvenil. Algo por otra parte perfectamente estimulado por los negocios de la noche.En algunos lugares del país, hay padres que integran comisiones que buscan un cambio cultural y de largo plazo en las prácticas de diversión de los adolescentes.Los menores y jóvenes constituyen el grupo social más vulnerable a adquirir el hábito del "uso y abuso" de alcohol. En el marco de una sociedad que es tolerante con esta sustancia psicoactiva.Esto ocurre pese a que la ciencia alerta sobre los efectos psicológicos y cognitivos producidos por el consumo desmedido de alcohol. Se sabe, por ejemplo, que está asociado con el ausentismo escolar y laboral.También tiene incidencia en los trastornos mentales y en el funcionamiento normal de las facultades cognitivas, como la memoria, las habilidades video-espaciales o velocidades psicomotoras.A ello se suma una mayor predisposición al consumo de drogas peligrosas y a tener comportamientos agresivos.Detrás de las adicciones a la droga y al alcohol intervienen problemáticas familiares, sociales y de personalidad. Parece claro que frente al peligro de este flagelo la familia tiene un rol preponderante que cumplir.El resto de las instituciones (la escuela, el Estado y los medios de comunicación) debe ser solidario en el esfuerzo tendiente a prevenir y combatir las adicciones y el narcotráfico.Acaso todavía falte una verdadera conciencia colectiva sobre los riesgos que corre la sociedad en este frente.
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