Ante la imparable urbanización del globo
A comienzos del siglo XIX la población urbana suponía el 2% de la población total. Desde hace un par de años ese porcentaje supera ya el 50%. Y la tendencia para el futuro se mantiene alcista.El fenómeno tiene manifestaciones diferentes en las diversas partes del mundo. América, Europa y Rusia presentan un nivel de urbanización superior al 70%-Asia y África tienen una población urbana inferior a la media mundial, aunque se calcula que ambos continentes superarán el 50% de población urbana en 2030.La intensidad del fenómeno urbanización afecta a la Argentina. Según un informe de la ONU, difundido recientemente, el 92% de sus habitantes vive en ciudades. De hecho se encuentra entre los países más urbanos del mundo, junto con Bélgica, Japón y los Países Bajos.En América Latina hay cuatro "megaciudades" que tienen más de 10 millones de habitantes. Ellas son Buenos Aires, México, San Pablo y Río de Janeiro.En India y China todavía la mitad de sus poblaciones habita en el mundo rural tradicional. Pero este mundo está siendo fuertemente desarticulado por el crecimiento urbano, a partir de que esta región ha devenido el último tiempo en el nuevo eje del poder económico global.Para la ONU, "la urbanización sustentable es la llave para el desarrollo exitoso". El informe destaca que "si se manejan bien, las ciudades ofrecen importantes oportunidades para el desarrollo económico y para expandir el acceso a los servicios básicos, incluyendo salud y educación para más cantidad de personas"."Proveer transporte público, vivienda, electricidad, agua y saneamiento a una población densa es más económico y causa menos daño al medio ambiente que proveer el mismo nivel de servicios a una población rural dispersa", agrega.Sin embargo, no todo el mundo comparte el optimismo con el que los organismos internacionales, como la ONU, tratan el fenómeno de la creciente urbanización. Por lo pronto, hay que pensar que estos procesos no se producen en forma natural, sino que son inducidos desde las estructuras de poder y están activados por la lógica de mercado.Si bien existen metrópolis millonarias en las ciudades globales centrales, en el mundo menos desarrollado, como en América Latina, las megaciudades combinan riqueza y pobreza.En estas últimas más de la mitad de su población en muchos casos vive hacinada en situaciones de absoluta miseria, en tejidos urbanos enormemente degradados y sin servicios básicos.Millones de habitantes se aglutinan en hábitats precarios, habiendo sido expulsados la gran mayoría hacia las megaciudades periféricas por la "modernización" forzada del mundo rural.Hay quienes piensan que este tipo de metrópolis ya son enclaves frágiles e ingobernables, en los que crece el descontento y la criminalidad, producto de la desigualdad social.Por otro lado, hay otras aristas que hacen tambalear la visión optimista sobre la urbanización imparable del planeta. Al respecto, se advierte que, en varios lugares se está creando una crisis ecológica de proporciones.Las megaciudades, se diagnostica, son enormes sumideros de recursos hídricos, energéticos y de materiales que generan gran cantidad de residuos de imposible reciclaje.La generalización a todos los continentes de la vida urbana, que altera los asentamientos humanos de manera irreversible, es un proceso ambivalente (de efectos positivos y negativos) que entraña nuevos retos y desafíos.
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