Ante un gran dolor o una desdicha ajena
Los acontecimientos de la vida no suelen suceder en la dirección deseada. Una mirada alrededor nos recuerda, cada tanto, que estamos expuestos a infinitos sufrimientos. ¿Hay consuelo, por ejemplo, ante la pérdida de un hijo?La muerte de Blanca Vicuña (6), la hija del actor Benjamín Vicuña y la modelo Carolina 'Pampita' Ardohain, ocupó estos días la atención de los medios de comunicación. Como era de esperar, tuvo un obvio impacto emocional en mucha gente.Un sentimiento de conmiseración hacia los padres recorrió algunos rincones mediáticos. Los humanos desarrollan ese afecto cuando comparan su situación con la desgracia de los demás.Arthur Schopenhauer dijo que cuando nos encontramos puestos en relación con otros, dos sentimientos encontrados pueden originarse: la envidia, por un lado, y la lástima por otro.En el primer caso se eleva y consolida un muro que se alza "entre tú y yo". La envidia hace que uno llegue a alegrarse ante la desgracia de la otra persona (y viceversa, a entristece cuando le va bien).La lástima, en cambio, hace delgado y transparente el mundo, "a veces lo destruye de arriba abajo, y entonces se disipan todas las diferencias entre los hombres y yo", anota el filósofo alemán.Eso ocurre porque la compasión despierta ternura o empatía por quien la está pasando mal. Es un ejercicio por el cual las personas, como se dice habitualmente, se ponen en los zapatos del otro.El dolor y el sufrimiento, así, conmueven de tal modo que provoca un encuentro humano. Compadecer es "padecer con", lo que supone sufrir con los otros. De suerte que, lejos del egoísmo y la indiferencia, las barreras entre las personas desaparecen.Desde este sentimiento universal surgieron distintas expresiones de consuelo hacia el desventurado matrimonio Vicuña. Julio Errán, en una carta de lectores, escribió: "Hace 5 atrás perdí a mi hija Sole por un cáncer de ovarios. Sole tenía 29 años y yo 55. Fueron tiempos de intensos aprendizajes. Esos años comprendí que somos frágiles, que la fragilidad es parte de la condición humana".El concepto de endeblez recuerda al romano Lucio Séneca, el filósofo estoico que nació en el año 4 de nuestra era, aquel que fue obligado a suicidarse ante las acusaciones de su discípulo el emperador Nerón."¿Qué es el hombre? Un recipiente quebradizo a cualquier golpe y a cualquier sacudida (...) Un cuerpo endeble y frágil, desvalido, indefenso por su misma naturaleza, necesitado de la ayuda ajena, abandonado a todas las insolencias de la suerte", escribió.El estoicismo enseñaba que había que ser fuertes ante la adversidad. Y recordaba que un gran dolor o una gran desgracia formaban parte de la imperfección inexorable de la existencia.A Séneca, de hecho, le tocó consolar a una madre que había perdido a su hijo. Metilio estaba a punto de cumplir 25 años y era un joven muy prometedor. Había estado muy próximo a su madre, Marcia, y su muerte resultó para ella devastadora.Marcia se rebelaba contra lo que se le antojaba un acontecimiento a la par espantoso e inusitado. Veía a su alrededor que otros seguían teniendo a sus hijos, y entonces se preguntaba por qué le habían arrebatado al suyo.Séneca admitía lo terrible de la situación, aunque la decía a Marcia que no era algo anormal. Le proponía que mirase más allá de su entorno limitado, y se diera cuenta de la lista lamentable de madres que habían perdido prematuramente a sus hijos.El filósofo apuntaba: "No nos figuramos ninguna desgracia antes de que nos sucede (...) Pasan ante nuestra casa tantos entierros: no pensamos en la muerte; tantos funerales de niños: nosotros tenemos en mente la toga de nuestros hijos, su servicio militar, su sucesión a la herencia paterna".Puede que los hijos vivan, pero qué ingenuo resulta creer que tienen garantizada la supervivencia hasta la madurez. De última, el hombre es "un recipiente quebradizo a cualquier golpe".
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