Antes de terminar con el fútbol
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Resulta imposible desligar los últimos episodios del mundo futbolístico, de la crisis que afecta a la sociedad argentina. En un ámbito dominado por la violencia e irrespetuoso de la ley, no es extraño que ocurran episodios como los de esta semana. Mario Alarcón Muñiz Una vez más el fútbol ha conseguido -¡y de qué manera!- sustraernos de los problemas cotidianos. Desde el jueves a la noche no se habla de otra cosa. A segundo plano han retrocedido la inflación, la inseguridad, la pobreza, los salarios, los impuestos, los candidatos. El fútbol domina la situación. Y desde el jueves a la noche nos avergüenza a los argentinos, por encima de Boca o de River.Se discute si la agresión fue programada por un grupo u obra de un inadaptado; si estaban dadas o no las condiciones de infraestructura (manga, ubicación, ventilador, etc.) para que el ataque se produjera; si era gas pimienta o un preparado casero; si la policía andaba cerca o lejos; si era zona policial o de la seguridad privada; si la mayoría de los jugadores de Boca incurrió en indiferencia o falta de solidaridad con sus eventuales adversarios; por qué demoró tanto la suspensión; si el partido se da por concluido; qué hacer con el resultado; cuál será la sanción a Boca; quién hizo volar el dron ofensivo en medio del escándalo; en fin, decenas de motivos que incentivan la nueva controversia suscitada por un encuentro (o desencuentro) de fútbol.Aún antes del partido -varias semanas antes- la mayoría de los medios de comunicación se encargó de situarlo en las proximidades del fin del mundo. Boca, River, "el infinito y más allá", como dice Buzz, el muñeco astronauta de Toy Story. Me ahorro los detalles porque, unos más, otros menos, todos los conocemos.Es necesario advertir, sin embargo, que lo ocurrido es un efecto. Grave, sin dudas. Desde luego bochornoso. Pero sólo un efecto. O varios simultáneos, si se quiere. Nadie -salvo alguna excepción- habla de las causas.El recordado y tan leído Eduardo Galeano, futbolero de alma, autor de El Fútbol a Sol y Sombra, sostiene que "es injusto atribuir la violencia al fútbol" porque "el pañuelono tiene la culpa de las lágrimas". El reino del revés¿Acaso podemos esperar otra cosa, distinta de lo ocurrido, en un país donde a diario crece la violencia en todos los órdenes sin ninguna autoridad que atine a contenerla? Los delincuentes dominan el panorama. Han pasado a ocupar un rol protagónico en todos los órdenes, a cubierto de la impunidad que los protege mientras desampara a la gente honesta y laboriosa.Se ha impuesto la falta de respeto de la ley. El primero yo, el qué me importa, desde el tránsito hasta las relaciones de la más diversa índole, define una característica preocupante de buena parte de la sociedad argentina actual.La solidaridad es un valor lejano. Tan lejano que apenas suele aparecer tras un terremoto ouna inundación. Para manifestarse requiere tragedias. Entonces nos conforma el "peor es nada".La trampa, la ventajita, el mordiscón, se nos presentan a diario en las más diversas situaciones. La corrupción domina el panorama. Si no es la coimita del agente municipal es el negociado del alto funcionario. A cada momento nos sacude un caso distinto en niveles diversos.La extorsión o la amenaza son métodos corrientes para alcanzar determinados objetivos.En cierto modo lo sucedido en la Boca estaba previsto. No es otra cosa que el efecto de la pérdida de valores morales que afecta desde hace tiempo a la sociedad argentina. Otros hechos cotidianos lo corroboran. Si nos desligamos del compromiso de restablecerlos, no nos podrán sorprender mañana nuevos episodios, aún más graves y hasta trágicos. Un mundo tenebrosoMientras tanto, corresponde atender el problema del fútbol, dominado desde hace años por una clase dirigente que ha demostrado con creces su incapacidad y su ineficiencia, salvo cuando se trata de negocios personales o de grupo.A propósito, se habla a media voz (pronto será en voz alta) de la desaparición de 20 millones de dólares de la AFA en tiempos del extinto Julio Grondona. Se sabe asimismo, que ya impuesto el Fútbol para Todos, algunos clubes de provincias percibían (¿o perciben?) por su participación cheques postdatados, junto a la indicación de una oficina para canjearlos por efectivo, desde luego mediante el cobro de un interés. La oficina de préstamos pertenecía a cierto directivo de la AFA y un allegado, también muy conocido en el mundo del fútbol.El comando de muchas cuestiones (demasiadas en varios clubes) está a cargo de los barrabravas. Las vinculaciones de estos delincuentes con dirigentes deportivos y políticos, no constituyen secreto para nadie. Están en todos los rubros, desde el estacionamiento cerca de los estadios hasta los viajes al exterior y a veces también en las contrataciones de jugadores. Paso a paso, día a día, el fútbol va cayendo en las redes de la delincuencia organizada.Nadie se atreve a ponerle freno a esta situación, sin duda compleja porque ha avanzado demasiado. La mayor dificultad para atacar el problema desde la raíz, es la trenza de los barras con los políticos. Cuando actúa la policía (esto también sucede entre nosotros) suele sonar el teléfono, pues un funcionario o político de alto rango demanda la liberación del delincuente.A estos individuos se los usa para otros menesteres. Es bien sabido que la barra de Chacarita tuvo participación directa en la destitución de De la Rúa por gestión del hoy despechado Luis Barrionuevo. El piquetero Luis Delía reveló haber pagado 25.000 pesos, hace unos años, para llevar la barra de All Boys a un acto de apoyo al acuerdo con Irán. Ni hablar de la barra de Defensa y Justicia, cuyo jefe Cristian Favalo, terminó condenado por participar en el asesinato del estudiante Mariano Ferreyra en 2010, en Barracas. El imperio de la droga es sostenido por barrabravas en varios barrios de RosarioLos poderes político, sindical y deportivo confluyen en el ámbito de estos grupos de delincuentes. Si la enfermedad no se ataca a tiempo, junto a la elección de dirigentes probos, capaces, honestos y visionarios, tarde o temprano terminaremos con el fútbol.
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