Apostar por la paz y la institucionalidad
En sintonía con una situación económica complicada, un clima enrarecido se ha instalado en el país. La construcción de escenarios tremendizados da pábulo para que incluso se ponga en duda la convivencia social. Ha sido la propia presidenta de la Nación quien el jueves último se refirió al tema, al advertir que hay referentes sindicales "que están anunciando estallidos para diciembre".A la vez estimó que "posiblemente estén preparando alguna matiné para ahora, estén todos muy atentos". De esta manera Cristina Kirchner se refirió, sin mencionar su nombre, al titular de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo.Este gremialista opositor al gobierno, efectivamente, había dicho: "La presidenta dijo (en 2012) que si la inflación llegaba al 25% estallaba la Argentina y vamos a estar en 40% de inflación. Así que la que preanunció lo que se viene es la propia presidenta".Por lo visto, en el gobierno ya evalúan que es factible que se repitan los saqueos que tuvieron lugar el verano pasado, con ocasión de una revuelta policial.Pero el "estallido" no sería consecuencia de la crisis económica, o de la caída del poder de compra de las clases populares, sino de un armado opositor interesado en crear un caos desestabilizador.Se trata de una hipótesis que genera lógica inquietud e incertidumbre en un país que no ha hecho gala en toda su historia, justamente, de estabilidad política e institucional.Argentina, objetivamente, es uno de los países con alto riesgo en este sentido: los descontentos sociales, motivados por problemas económicos, terminan por erosionar a los gobiernos e instituciones, generando crisis de gobernabilidad.Aquí el desprecio por el cumplimiento de los mandatos presidenciales no sólo es atribuible a los militares, quienes realizaron seis golpes de Estado durante el siglo XX.En la democracia recuperada a partir de 1983 hubo dos presidentes que, acosados por problemas después de ser vencidos en elecciones parlamentarias, no pudieron concluir sus mandatos: Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa.Este último, por caso, ha venido diciendo que los saqueos a supermercados y la convulsión social generada en diciembre de 2001, que apuraron su renuncia al cargo, respondió a "políticos que querían manotear el poder antes de tiempo".De la Rúa sostuvo que los autores de las maniobras que desestabilizaron su gobierno fueron Eduardo Duhalde, el justicialismo de Buenos Aires y "algún radical enojado".A decir verdad, sería desastroso para la democracia argentina que algo parecido se volviese a repetir. Ninguna crisis económica ni descontento social deberían derivar en una situación de ingobernabilidad, que fuerce un acortamiento de los plazos institucionales y mucho menos la ida abrupta de un gobierno.Hablar de "estallido" e insinuar, como ha hecho Barrionuevo, un agravamiento insostenible de la situación social, es de una gran irresponsabilidad, en un país que debe reconciliarse con la paz social y la institucionalidad.¿Acaso todavía hay quienes, en Argentina, están coqueteando con una salida anticipada del gobierno? Algunos parecen no entender que las actuales autoridades han sido votadas por los argentinos, en elecciones libres y democráticas, y por tanto tienen que cumplir su mandato. Por otra parte, siempre es bueno recordar que la democracia, al decir de George Bernard Shaw, "es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos".
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