Aquel federalismo de base municipal
Base del federalismo, herencia de la mejor tradición participativa de los cabildos españoles, las comunas han declinado su poder. Ese fue el diagnóstico que realizó en Gualeguaychú, en julio de este año, durante una charla en el Concejo Deliberante, Daniel Cravacuore, doctor en Gestión y Dirección Pública local, y un especialista en municipalismo.Según él, los gobiernos locales han quedado reducidos en el presente a meras estructuras administrativas, actuando como correas de trasmisión de poderes extraterritoriales.Se trata de una realidad que dista mucho del origen remoto de la organización política Argentina, de cuño federal, la cual hizo pie en la vida municipal y su concreción en los cabildos.Luego del período de las luchas civiles, y a pesar de su reconocimiento en la Constitución de 1853 (en cuya promulgación Entre Ríos tuvo un rol principal), el federalismo argentino se fue desdibujando.En concreto fue progresivamente eliminado de hecho por la acentuada hegemonía socio-económica de Buenos Aires, en detrimento de las provincias. Y posteriormente por la consolidación arbitraria del centralismo político y económico del Estado nacional.Nuestra tradición histórica manifiesta que el proceso federativo se sostuvo a partir de la realidad municipal, sobre las provincias y la vida regional. Pese a que en su ámbito autonómico se fraguó la Revolución de Mayo, y luego el proceso independentista, los Cabildos fueron disueltos en 1821 por Bernardino Rivadavia.Sin embargo, a pesar de este golpe al poder municipal, el espíritu de los cabildos y su modelo histórico continuarían vigentes en la propia reivindicación provincial. Así quedó registrado en los sucesivos tratados y los pactos preexistentes a que se refiere la Constitución Nacional (como el Pacto Federal y el Acuerdo de San Nicolás).Más allá de estos avatares históricos, y del triunfo del Estado unitario (después de la batalla de Pavón, en 1861), es importante rescatar hoy el rol que cumplió el municipio como base del federalismo político e institucional.Al punto que algunos historiadores se atreven a afirmar que todo el período de las luchas civiles y la confrontación entre unitarios y federales, no fue en última instancia un conflicto entre provincias, sino entre ciudades.Para explicar el espíritu fundacional de los cabildos, con su autonomía plena y que se traducía en el gobierno y la administración de los intereses locales, Ricardo Zorraquín Becú, en el libro "El Federalismo Argentino" (1939), refiere:"Las ciudades que ocupaban el territorio de lo que hoy se llama República Argentina, ampliando paulatinamente su radio de acción, extendiéndose en las campañas gracias al aumento de la población y a la natural influencia ciudadana, formaron verdaderos núcleos autónomos, en los cuales el conglomerado urbano dominaba de tal forma que su nombre se extendió a la zona rural de su dependencia".Y añade Zorraquín Becú: "Cada ciudad se convertía así en cabeza de distrito: la ciudad fortaleza; la ciudad-cuartel de los primeros tiempos crece, aumenta, cultiva los campos vecinos y adquiere ese espíritu localista que traduce el afán autonómico municipal. Hay treces ciudades que se convierten en otras tantas provincias (sólo se exceptúa Entre Ríos que tenía cinco villas y ninguna ciudad). He aquí el origen de las provincias".¿Sería posible una reformulación del sistema federal en crisis empezando por su base: la vida municipal? ¿Podría ello revitalizar la participación cívica de los vecinos y por esta vía la representación política?
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