Aquellos rasgos que condicionan al país
Las colectividades, al igual que los individuos, poseen un modo de ser. Aunque este carácter no es algo inmutable, ya que la personalidad social se halla en elaboración.En la tradición aristotélica se engloban bajo el término "ethos" aquellos hábitos o costumbres adquiridos. No tiene que ver con aquella parte innata, que algunos psicólogos asimilan a "temperamento".No, ethos o carácter remite a un modo de ser activo, no estático, que se va incorporando a la propia existencia. Aunque es un rasgo "invariante", dado que deviene como una segunda naturaleza, no obstante puede ser modificado por la fuerza de la voluntad humana.El carácter social de los argentinos ha sido objeto de muchos análisis, al punto que hay quienes creen que ningún país ha producido tantos ensayos de auto indagación.Cuando se le preguntaba sobre el tópico, Ernesto Sabato solía tomar distancia porque temía caer en generalizaciones abusivas. Consideraba que al igual que los individuos, los grupos cambias."Tampoco hay virtudes ni defectos metahistóricos: el inglés de la época victoriana no es el mismo inglés súbdito de la reina Isabel II, ni el súbdito de Isabel I. Lo mismo ocurre aquí: no somos los del 900", confió en una entrevista.Además matizaba preguntándose: "¿De cuál Argentina, pues, deberíamos hablar? ¿No sería injusto atribuir los mismos defectos a un porteño y a un riojano?".Como sea, sigue persistiendo el interés por saber cómo somos culturalmente, partiendo del supuesto de que hay una "forma" que termina dando la tónica al conjunto social.Hay rasgos de carácter positivos. Se dice que los argentinos somos hospitalarios con los afuera, tenemos una enorme capacidad para adaptarnos a los cambios, somos sensibles y solidarios ante el drama del otro, y tenemos creatividad.¿Y cual es nuestro principal defecto? Joaquín V. González (1863-1923) no tenía dudas: habló de la "falta absoluta de autocrítica, mejor dicho: la creencia persistente de que somos los mejores seres del mundo".Según este célebre ensayista y educador argentino "llamamos patriotismo a esta ciega alabanza de nosotros mismos, y arrugamos airados el entrecejo contra el ciudadano que aventura a enrostrarnos nuestros feos detalles".El gualeguaychuense Pedro Barcia, presidente de las Academias Argentinas de Educación y Letras, analizó esos "feos detalles" durante una interesante conferencia que dio en 2011 en la Bolsa de Comercio de Santa Fe.Lo hizo bajo la convicción de que el único modo de mejorar es sabiendo dónde están los errores. Bajo este espíritu detectó cuatro rasgos que son, según su opinión, una "calamidad".Uno es el cortoplacismo y la improvisación. En lenguaje criollo, dijo, "pateamos la pelota para adelante". Esto está minando, censuró, la "cultura del trabajo y la cultura del proyecto". Otro defecto es el neofilismo, que es el "entusiasmo por lo último que sale". Culturalmente esto significa aceptar que lo nuevo siempre es mejor e implica una tendencia a importar lo ajeno aunque sin aquerenciarlo.Además, somos más ideólogos que realistas. "Es cierto que somos animales utópicos, 'mamíferos proyectuales', ideólogos. Pero la ideología congelada es sumamente peligrosa. Es la que entiende que la realidad la modela ella y, por el contrario, es ella quien debería apegarse a la realidad", refirió.Por último, nos condena la anomia, que es el desprecio por la norma. "Es el cáncer del país en todos los campos", dijo Barcia al recordar que no cumplimiento de las leyes es la característica medular de los argentinos.
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