Opinion |

Argentina, el país que nunca sabrá cuál es la verdad

Hay como un sino trágico que tiene que ver con la impunidad en la Argentina. Hace algunas semanas escribíamos sobre lo de Nisman y su muerte que, seguramente nunca sabremos cómo fue. O muchos tampoco creerán cómo fue su muerte. Ahora, no se trata de dudar de la muerte de Bonadío. Estaba enfermo y punto. Sí de sus investigaciones que llevaron al banquillo de los acusados a la ex presidenta y actual vice. ¿Tendremos algún día la certeza sobre lo que investigó? Entre los que lo erigen en héroe y los que lo defenestran, alegrándose de su muerte.

Jorge Barroetaveña

Así somos. Incoherentes y contradictorios. ¿Qué pensarán realmente los líderes europeos que recibieron al Presidente Fernández? Merkel, Macron, Sánchez y hasta el mismo Papa Francisco, alguien afín ideológicamente al gobierno actual pero que, a las pocas horas de pedirle al Presidente por la protección de las dos vidas, se comió el cachetazo del anuncio del proyecto de legalización del aborto que enviará el gobierno al Congreso. Y eso que el pobre Papa hizo los deberes porque solo le faltó señalar con el dedo a la gerenta del FMI, cuando pidió por la deuda de países como la Argentina y que su pago no podía ser a costa del hambre de sus pueblos. El reclamo tenía nombre y apellido: a dos pasos lo miraban el Ministro Guzmán y Kristalina, con ojos de fondo.

Hace pocas horas el propio Fernández reveló que, varios de esos líderes le dijeron que Macri los había defraudado. Y van…deben pensar en secreto que somos locos o, lo peor, que no tenemos arreglo. Por supuesto que cumplieron con la formalidad, celebrada como un triunfo, de avisar que apoyarán al gobierno en su pedido de clemencia a los acreedores bajo el lema: queremos pagar pero no podemos. Así lo transmitieron, con más o menos gestos, Merkel, Macron, Sánchez, el Papa y al final hasta se sumó un eufórico Donald Trump. Es raro ver a dirigentes progresistas celebrar los dichos del Presidente norteamericano cuya euforia ayer lo desbordaba: venía de zafar del impeachment y subirse a los niveles más altos de popularidad desde que llegó a la Casa Blanca. Y tiene la reelección al alcance de la mano. No pudo ser más beneficiosa para Argentina la coincidencia de entrega de credenciales del embajador Arguello con estos hechos. La decisión de la Casa Blanca es clave para la negociación y los márgenes de maniobra del gobierno argentino.

El Presidente se está tomando el vuelo de vuelta con unas cuantas buenas noticias en el bolso. Y con una perspectiva positiva para encarar la parte final de la negociación con los acreedores. “Nos sentimos más apoyados”, definió antes de subirse al avión.

En Argentina claro, lo espera una realidad bastante más árida que la pomposa y brillante de los recibimientos europeos. Como los famosos idus de marzo, están en la puerta las negociaciones con los gremios, sobre todo el docente, y la definición de lo que pasará con los jubilados y el aumento que finalmente se les pagará. El corrimiento de precios que siguió en enero preocupa, tanto como la forma de llevar la negociación con los acreedores de Axel Kicilloff en Buenos Aires. El Presidente ya avisó que no comparte esa estrategia, admitiendo el riesgo implícito que eso conlleva. Los antecedentes del gobernador bonaerense como negociador no son los mejores, incluso el gobierno nacional se encargó de recordárselo cuando avisó que quiere renegociar el acuerdo de París.

En la política el Presidente se pone unos auriculares bien grandes para no escuchar algunos cuestionamientos internos. La polémica pública entre su Jefe de Gabinete Santiago Cafiero y el ex ministro Julio De Vido, sobre los ‘presos políticos’ o las ‘detenciones arbitrarias’ pasó de castaño a oscuro. De Vido se preguntó qué hubiera pasado si la presa fuera Cristina y trató casi de ignorante político al principal funcionario del Presidente. ¿Se quedará callado Alberto? Pareciera que tiene problemas más urgentes que atender que dedicarse a las cuestiones filosóficas, aunque hay algo cierto en esta historia: Cristina Kirchner, epicentro de este culebrón, jamás abrió la boca para defenderlo a De Vido. Sólo se ha defendido a sí misma. ¿Es justo que le pidan eso a Alberto cuando ha dicho más de una vez que está contra las prisiones preventivas? El destino ha querido que haya tres vacantes en Comodoro Py, y que el camino a una ‘reforma’ judicial haya quedado allanado. Pero eso es apenas el comienzo. La de la justicia es una batalla árida que le requerirá mucha energía al gobierno. Al cabo, con todo el poder, el kirchnerismo no pudo hacer todo lo que quería. Y si algo deberían aprender nuestros dirigentes políticos es que la corporación judicial no está a merced del viento, sino de los humores político-electores que, si bien es cierto que ahora van para otro lado, son el fruto de una sociedad profundamente dividida.

Bonadío se llevó a la tumba los secretos de la corrupción entre el estado y los privados. Quizás los kilos de papel de los expedientes de los casos que investigó nos permitan conocer algo de todo eso. O tener alguna certeza. Argentina, siglo XIX: un país que está condenado a no saber la verdad.

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