Argentina, un país sin vocación científica
Quienes suelen explicar el atraso del país no dudan en afirmar que nunca se subió a la revolución científico-técnica, la misma que engrandeció a los llamados países centrales.Ahí estaría la clave, en suma, del subdesarrollo nacional. Es decir, en la incapacidad científica inveterada de un país que nunca apostó en serio por la ciencia.Por eso no tuvo industria ni produjo científicos (cuanto los tuvo, hizo lo posible para que emigraran). Argentina, dotada de extraordinarios recursos naturales, optó por producir granos y carnes para el mundo.Y le fue bien mientras el modelo agro-exportador fue económica y socialmente viable. Así las cosas, en el reparto de roles mundiales, otros eran los países que producirían manufacturas y liderarían el cambio tecnológico.Esto de vivir todo el tiempo de la renta agraria -en opinión de intelectuales como Marcos Aguinis- conformó entre los argentinos una mentalidad "rentística" o fisiocrática.El argentino, en lo posible, querría vivir de "renta". Como nunca se vio obligado a inventar riqueza de la nada, como Japón u otras naciones menos dotadas por la naturaleza, "descansó" en las cosechas y el ganado.Porque tenía "la vaca atada" -expresión muy criolla- no tuvo por tanto necesidad de agudizar el ingenio. La Argentina agro-pecuaria, con el elemento inmigrante incorporado, generó así una estructura social peculiar.Y en esa sociedad tradicional ser médico o abogado equivalía a ascenso social. De ahí la expresión "m'hijo el doctor", que recogía la aspiración de nuestros abuelos inmigrantes.El modelo educativo, al generar determinado tipo de profesional, reflejaba así las expectativas de un país orgulloso de ser "granero del mundo". Y que otorgaba "estatus" a determinado tipo de actividades.Ahora, en los albores del siglo XXI -cuando domina el paradigma del "conocimiento"-, ¿qué perfil de egresado persigue el sistema educativo? ¿qué sale de las universidades argentinas? ¿Acaso una élite vanguardista en sintonía con un modelo de desarrollo económico más sofisticado?Pues bien, parece que pervive el mito de "m'hijo el doctor". De hecho se ha instalado una paradoja que mueve a debate: resulta que el país necesita ingenieros, químicos, geólogos y especialistas en informática, pero de las universidades egresan, abrumadoramente, médicos, abogados y psicólogos.En tanto, 7 de cada 10 argentinos cree que las escuelas secundarias no fomentan el interés de los chicos por la investigación científica, según una encuesta privada.
Realizada cara a cara por la empresa L'Oreal para sondear la situación de las vocaciones científicas, la encuesta fue realizada a 1.000 adultos de todo el país.Simultáneamente se hizo otro sondeo online a 760 mujeres científicas que trabajan el país, quienes también coincidieron en su percepción sobre las secundarias: el 78% piensa que no se fomenta la vocación por la investigación científicaAdemás, 7 de cada 10 argentinos creen que la sociedad valora poco o nada a los científicos. En cambio, 6 de cada 10 científicas opina lo mismo.Que la secundaria no fomenta el interés científico es algo real, según explicó a la prensa la bióloga y doctora en Educación en Ciencias Melina Furman."En algunas secundarias tienen 4 horas semanales de ciencias como mínimo. El problema tiene más que ver con la calidad de lo que se enseña. Poco tiene que ver con el verdadero trabajo de los investigadores científicos", sostuvo.
Parece claro que el sistema educativo deberá hacer un esfuerzo muy grande para acercar a los alumnos a las carreras científicas.
Realizada cara a cara por la empresa L'Oreal para sondear la situación de las vocaciones científicas, la encuesta fue realizada a 1.000 adultos de todo el país.Simultáneamente se hizo otro sondeo online a 760 mujeres científicas que trabajan el país, quienes también coincidieron en su percepción sobre las secundarias: el 78% piensa que no se fomenta la vocación por la investigación científicaAdemás, 7 de cada 10 argentinos creen que la sociedad valora poco o nada a los científicos. En cambio, 6 de cada 10 científicas opina lo mismo.Que la secundaria no fomenta el interés científico es algo real, según explicó a la prensa la bióloga y doctora en Educación en Ciencias Melina Furman."En algunas secundarias tienen 4 horas semanales de ciencias como mínimo. El problema tiene más que ver con la calidad de lo que se enseña. Poco tiene que ver con el verdadero trabajo de los investigadores científicos", sostuvo.
Parece claro que el sistema educativo deberá hacer un esfuerzo muy grande para acercar a los alumnos a las carreras científicas.
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