Armado de listas, armado de líos. Periodismo y Poder
Por Gustavo Carbone
Pero por supuesto que la esperanza para que el proceso se enderece, está siempre latente. La racionalidad tiene que reaparecer.
Lo que deberían desaparecer son las caravanas y las demostraciones “pesadas”, para imponer de manera anti democrática la determinación de representantes para las elecciones generales. Los salteadores de las exigencias que las elecciones internas previas imponen, tienen que educarse definitivamente en el respeto. No en la imposición del grito y el atropello.
En el gobierno de turno en primer lugar, se debe dar el ejemplo. En la oposición de turno, también. No existe un manso para acollarar un arisco, como expresa el sabio dicho popular.
Al menos eso parece actualmente, cuando se observa a los “dirigentes” políticos pensar, hablar y actuar, para intentar acomodarse -armando- una lista.
Los partidos se van “partiendo”, según la conveniencia de las personas –individuales-, o de los grupos, o de las facciones, o de cualquier tipo de intereses.
El tema es el poder. Cada uno pierde la brújula, y se aleja del hacer lo que sabe hacer. De aquello para lo cual está bien preparado. O puede llegar a estarlo.
En ciertos ámbitos de la oposición, también existen ejemplos similares. Por cierto que nadie nace sabiendo. Pero se ha llegado a un límite insoportable de advenedizos por una parte. De vivos o sinvergüenzas por otro.
Resulta que lo que todos sabemos que está mal, ahora está bien. Decidir desde una habitación, ni siquiera de un comité o unidad básica, con los dedos y sellos de goma, quiénes son los que pueden integrar una lista, es perfecto.
Se acabaron, casi, las elecciones democráticas internas. Sólo en las listas del radicalismo entrerriano se usó este camino, por estos días. Los demás, armaron y armaron, casi con desesperación.
OFICIALISMO PENDULAR
Gritos, confrontación, atropellos, demostraciones de fuerza, intolerancia. Visitas a Jardines de Infantes, calma, moderación, en poca cantidad, pero lo suficiente (ellos creen) como para intentar contrarrestar, el concepto del imaginario colectivo de los últimos tiempos, sobre las conductas autoritarias que han hartado a la ciudadanía.
Amenazas de culminación dramática o trágica también, de un proceso originado en 2003.
“Después de mí, el diluvio”, la aseveración de todos los que han estado en funciones de gobierno, y se resisten a perder el poder no por el fracaso de sus ideas, sino por la manera de ejecutarlas, ha vuelto a repetirse.
Los que se resisten a ceder con naturalidad a fuerzas jóvenes, a nuevos criterios, a innovadores, aguantan parapetados en algún escondite, se resisten a un cambio muchas veces tan necesario como imprescindible.
Por razones biológicas. Y por razones lógicas también, de rejuvenecer ideas, fuerzas, que naturalmente van agotándose y también tienen que ser cambiadas.
Lo hecho, hecho está. Lo bueno para la sociedad, los cambios implementados con anterioridad, también necesitan actualizarse. Una actualización razonable y criteriosa.
Debe ser llevada –la actualización- a cabo por quién le toque ser elegido por el sufragio en junio. No existe margen para caprichos y actores fundamentalistas que se convencen ellos mismos, de la apropiación exclusiva de la verdad.
Se viene ahora, una época que no tiene por qué ser apocalíptica. Todo lo contrario. Debe serlo, de acuerdos sobre direcciones comunes, esfuerzos integrados, empresas conjuntas.
OPOSICION NO IRRESPONSABLE
Con algunas excepciones honrosas, se escuchan discursos descalificadotes, generalizadores del fracaso. Y no es tan así. Pese a tanto daño producido en los últimos tiempos, se debe rescatar el originario sentido de la actual administración, viento de cola mediante o no. Rescatar el buen camino que se recorrió.
La producción en todos los sectores que la componen, tiene que ser la prioridad absoluta para motorizar un retorno al crecimiento.
Para saldar de una buena vez la cuenta que por una cosa o por otra, lo que quienes desde la política se ocupan de prometer y jamás concretar: el aniquilamiento de “la pobreza”. La madre de todos los males.
Mientras el pueblo desde el 83 hasta ahora, ha ido hacia adelante, los dirigentes en general, han ido hacia atrás. A la anemia institucional, casi todos han contribuido para llegar hasta este estado.
La oposición también, trata de usar técnicas testimoniales estériles. Acabadas fuentes, vacías de contenido. Origen de liviandad y facilismo sin compromiso, en el ejercicio de la política.
Una forma barata de desprecio por la calidad y rigor, del grueso del pueblo elector. Pero entonces, quién puede representar la demanda de la gente de alcanzar un nivel excelso de dirigencia, tanto oficialista como opositora?.
El periodismo en este complicado panorama?. Por cierto que tampoco está exento de compartir responsabilidades. La deuda y la omisión ante la ciudadanía, tiene también que ser pagada por el sector que integramos.
Lo tenemos que hacer mediante el ejercicio de un rol protagónico honrado. De una práctica rigurosa para el trato de la verdad informativa.
Bueno es afirmar, por otra parte, que el periodismo no es poder. Es nada más y nada menos que servicio.
A través de él, debemos contribuir a mejorar las cosas. No a empeorarlas. A unir, no a enfrentar. La función nuestra tiene que ser la de vigilancia, y propuesta permanente de un lugar de debate.
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