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Arrancó la campaña: fórmulas viejas para problemas sin solución

La carrera de obstáculos que desembocará en las PASO de septiembre recién empieza. El Presidente Alberto Fernández anda a los banquinazos tratando de arreglar su frente interno, disimular la tensión con Cristina y al mismo tiempo preservar su propio poder, algo que le está costando cada vez más. El ejemplo es Santa Fe donde la coalición de gobierno estalló por los aires y amaga con perjudicar las chances del oficialismo.

Jorge Barroetaveña

Si las encuestas que circulan en los despachos de la Casa Rosada son ciertas, es lógico que se enciendan las alarmas. El affaire Rossi-Perotti en una provincia clave como Santa Fe, no sólo complica el armado nacional sino que derrama hacia los costados. Lo peor que podría pasarle a las posibilidades del peronismo es una batalla electoral que deje heridas de guerra abiertas para la general. “Perotti se quiere llevar el peronismo del Frente de Todos”, repite Rossi hasta el cansancio. El todavía Ministro de Defensa quedó en una posición incómoda por el destrato, típico del kirchnerismo y ahora abrazado por el Presidente. Directamente lo echaron por televisión y le han hecho saber por todos los medios que se ha vuelto un indeseable. Increíble pero real, la coincidencia temática con el primer spot de campaña de Florencio Randazzo, que recuerda el motivo de su furibunda pelea con Cristina, allá por el 2015 cuando se negó a bajar a la Provincia de Buenos Aires. “Me importa un culo lo que vos quieras”, le espetó Cristina según cuenta él mismo.

Igual, más allá de los modos y las formas, cada minuto que pasa se agiganta la importancia de Buenos Aires para el oficialismo. Córdoba, Santa Fe que teclea, Mendoza, CABA siempre fueron refractarias al kirchnerismo que muere o vive en los brazos bonaerenses. Es cierto también que la que está obligada a realizar una gran elección es la oposición. Con poco el oficialismo quedará al borde de conseguir la mayoría en Diputados pero tampoco puede descuidarse en el Senado.

Larreta sigue tratando de esquivar los misiles que le llueven. Es raro porque no es candidato pero todos saben que quiere serlo. Todos saben que es el hombre detrás del armado opositor en casi todo el país y eso lo expone. No le queda más remedio. Si quiere 2023 debe tener 2021. Las elecciones de este año te pueden catapultar o te pueden hundir. Es el que mejor lo sabe. Por ahora pudo calmar algo la feroz interna entre Manes, Santilli y los satélites. Los radicales encocorados por los números del neurólogo sueñan con volver con un candidato competitivo. Corren el riesgo de pasarse de rosca, aunque no se cansan de repetir que apoyarán al ganador. En esta PASO la oposición pone en juego el capital más importante que ha cosechado desde que dejó el poder hace dos años: su unidad. Casi que no importan las caras o los nombres. Si no hay unidad no tienen chances de ganar. A veces parecen olvidarlo y se enroscan en disputas hirientes.

En el 2017 la elección de medio término de Cambiemos dejó la vara muy alta. Y no sería raro que la oposición pierda legisladores, aún haciendo buenos números. Pero todo es posible. Nadie asegura tampoco la cantidad de gente que irá a votar. Con una campaña de vacunación de a ramalazos, ¿cuántos votantes tendrán su segunda dosis para las PASO? ¿Irán a votar igual, más allá de los protocolos sanitarios que habrá en las escuelas? Eso también tendrá su impacto en los números finales que suelen cambiar para arriba en la general. Claro que para eso falta bastante.

La semana pasada todo el gobierno se movilizó para dar la buena noticia: se podrá pagar en más cuotas teléfonos celulares, televisores y hasta heladeras. El objetivo es darle aire al consumo, la vieja fórmula que fogoneó Cristina durante sus ocho años de gobierno. No hubo funcionario que no hablara del tema. Es un deja vú porque nunca conocimos la segunda etapa y sino habría que preguntarle a cualquier aspirante a producir si puede conseguir un crédito accesible.

La tercera pata de la avanzada electoral es más bien simbólica pero no menos importante. Se llama Macri. Tiene comienzo y final en esa palabra. Las infatigables redes sociales inventaron el ‘Contador Macri’. Es tan obvio como sencillo. Se pusieron a contar la cantidad de veces que los funcionarios y candidatos nombran al ex presidente en sus declaraciones públicas. El objetivo es lógico: ‘pegar’ a toda la oposición con el gobierno de Macri y dejar en claro que son sus herederos, o más de lo mismo. Fue lo mismo que hizo el ex presidente azuzando el fantasma de Cristina. Le sirvió un tiempo, pero cuando no pudo mostrar mejores resultados, los votos lo eyectaron del poder. En esta elección nadie será eyectado porque sólo se renuevan legisladores, pero marcará el camino al 2023. Fórmulas viejas para candidatos nuevos. O peor: soluciones viejas para problemas eternos.

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