¿Arreglará una cumbre el desquicio climático?
Los líderes mundiales vuelven a reunirse, esta vez en Copenhague, para reducir la emisión de gases contaminantes que provocan el calentamiento global.La llamada "cumbre climática", que se inicia hoy y culminará el 18 del actual, buscará que los Estados se comprometan a disminuir en un 50% las emisiones mundiales de gases del efecto invernadero (GEI) antes de 2050.A ese acuerdo político se quiere arribar para evitar, según los expertos, una hecatombe ecológica de proporciones. La sensación que existe es que la humanidad camina hacia un inexorable colapso, si no se da una respuesta contundente, colectiva y rápida al calentamiento global.El dato es que la temperatura media terrestre empezó a descontrolarse a partir de la Revolución Industrial, que abrió una era de emisiones tóxicas desproporcionadas.Hay cierto consenso entre los científicos en que los GEI, principalmente emitidos por las actividades humanas -combustión de energía fósil, deforestación, agricultura, etc.-, son los responsables del cambio climático.Ahí está el dilema dramático del problema: desminuir drásticamente esas emisiones, implica un cambio radical del modo de vida occidental, supone reformular las bases sobre las que se asienta la economía global.Visto de este modo, la actual civilización parece inviable en términos planetarios, y la manifestación más inquietante de esa incompatibilidad con la naturaleza es el desbarajuste climático.Ahora bien, si el calentamiento global puede considerarse como una de las formas perversas del crecimiento económico, ¿es posible pensar en una solución real al problema sin modificar nuestro estilo de vida, nuestra actual forma de habitar el mundo?Los líderes mundiales que se reúnen en Copenhague, ¿acaso tienen pensado imponer una dieta en las emisiones de gases, para hacer las paces con el planeta, hasta el límite de provocar en forma deliberada el decrecimiento económico global?¿No parece esto una meta irrealizable? ¿Podrá una cumbre de gobernantes, cada uno de los cuales buscará sacar la mejor tajada de la reunión, asumir un costo político de esa dimensión, pensando en el bien común de la humanidad?Como sea, la responsabilidad de los países en el problema es disímil. Y se diría que sobre todo recae en un grupo de economías que, dada su dimensión, son las más contaminantes.De hecho China y Estados Unidos son los mayores emisores mundiales de GEI. Cada uno emite 6.000 toneladas de dióxido de carbono por año y ambos son responsables del 40% de las emisiones globales.También es cierto que esos dos países son los motores de la economía global. Un frenazo de estos motores, a causa de la imposición de una rigurosa dieta ambiental, seguramente impactará en las economías del resto de los países, incluso los periféricos como Argentina.¿Están dispuestos todos ellos, llegado el caso, a renunciar a crecer económicamente menos en beneficio del planeta? Frente a este interrogante, se podría retrucar: ¡pero es que si no hacen eso, las consecuencias humanas y económicas serán peores en el corto y mediano plazo!Quien ya se mostró escéptico sobre la cumbre de Copenhague fue James Hansen, el científico que en los años '80 alertó sobre el aumento de la temperatura en el planeta."Buscarán indulgencia en la cumbre. Las naciones desarrolladas quieren continuar con su volumen de negocios habitual y pretenden comprar la indulgencia dando dinero a los países en desarrollo, en forma de fondos", afirmó. Cualquier decisión que se tome, dijo Hansen, será una "pérdida de tiempo".
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