Asentamientos, la ciudad de la pobreza
La expansión de asentamientos poblacionales espontáneos en la periferia de Gualeguaychú, protagonizada por grupos familiares carenciados, genera un fenómeno social nuevo.Hijas de la pobreza extrema, algunas familias vienen ocupando irregularmente predios, pidiendo sobre todo un techo donde vivir. Muy pronto se agregan otros grupos, formándose así una comunidad con perfiles propios.El impacto de este fenómeno sobre la sociología urbana doméstica ya se hace sentir. Y de hecho se ha metido en la agenda de debate público como un problema de complejo abordaje.Para muchos la aparición de estos asentamientos clandestinos, que crecen sin pedir permiso al margen de cualquier esquema de planificación urbana, le está cambiando el rostro social a Gualeguaychú.Según esta lectura, la pobreza urbana siempre ha existido localmente. Pero estos enclaves humanos son de otro tipo. Reproducen una anomia en la periferia desconocida entre nosotros.Llama la atención, por lo pronto, el deterioro en el que vive esta gente. Se diría que han sido alcanzados por la indigencia. Las casitas precarias hechas de chapa, plástico o cartón, son un símbolo inequívoco de precariedad extrema.Es llamativa, también, la rapidez con que se expande esta informalidad social, habitacional y urbana. Daría la impresión que su crecimiento es abrupto e incontenible.Un artículo periodístico aparecido en El Diario de Paraná, firmado por Paola Ponroy, asegura que estos asentamientos se están convirtiendo en un problema para otras ciudades de la provincia, sobre todo capitales departamentales.Se atribuye el fenómeno a "migraciones internas desde los lugares periféricos hacia las centralidades", mencionándose el constante desplazamiento, por ejemplo, de pobladores de Santa Elena hacia Paraná."Toman forma sin reconocimiento ni derechos legales, expandiendo los bordes de las ciudades en terrenos marginados que están dentro de los límites de las zonas urbanas", se indica.Así, en las márgenes de los arroyos, en las barrancas o a la vera del río, crece una población necesitada que busca oportunidades que no encuentra en su lugar de origen.La pregunta es: ¿qué hacer frente a esta nueva realidad humana? ¿Están preparadas las ciudades, desde el punto de vista urbano y financiero, para absorber esta irrupción de la pobreza extrema?"Es un problema que cuando llega a las ciudades ya es tarde, porque tiene muy pocas posibilidades de resolución, o bien soluciones que llevan mucho tiempo y una gran inversión".Eso opinó el presidente del Colegio de Arquitecto de Entre Ríos, Gastón Grand, para quien el nuevo fenómeno social rebasa el marco municipal, poniendo en jaque a las administraciones locales."Si hubiera una política apropiada se evitaría la migración, porque estos son problemas que los organismos nacionales y provinciales deben resolver en los lugares de origen de la persona", sostuvo el profesional.Y agregó: "Cuando esto no ocurre y llega a la ciudad, es el municipio el que pasa a contener el drama, con un presupuesto mucho más exiguo que no permite atender el problema de raíz".Desde otro ángulo, los asentamientos se inscriben en el marco de un país centralizado, desvertebrado y desintegrado, con un deficiente ordenamiento territorial.En la Argentina no se debate la cuestión de la geografía política. La integración y la equidad territorial para los habitantes no es algo que desvele a nuestra clase dirigente.Las políticas no toman en cuenta la distribución geográfica de la riqueza y su impacto sociológico en el territorio. Por eso la planificación social está ausente.
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