OPINIÓN
Atención, escucha y cuidado: la tríada frente al avance de la inteligencia artificial en la salud mental
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Lo primero que me gustaría decir sobre la intersección entre inteligencia artificial y salud mental es: atención, escucha y cuidado. Atención hay que darle a cada cosa que mueve al mundo, a cada proceso que lo irrumpe, modifica, interviene y ya nada es igual a lo anterior, nunca más. Por eso digo atención porque de nada sirven los extremos, dejar absolutamente lo que está pasando a un lado, ignorando que nos está atravesando, ni tampoco absoluta obsesión.
Respecto a la escucha, tratar de entender de qué se trata, cuáles son las posibilidades de oferta, cómo nos modifica, hasta dónde lo permito, qué sí y qué no en la relación que sostengo con la IA o los chatbots y, por último, e igual de importante: cuidado. Cuidado al peligro de abandonar la subjetividad y lo particular, que es lo más valioso que uno tiene, al servicio de una robótica: ¿Qué le prestamos a la IA?, ¿todo nuestro ser?, ¿nuestro tiempo?, ¿nuestra historia?, ¿nuestra intimidad?, ¿nuestros valores? Hasta los cuerpos estamos entregando a este mundo artificial. Todo lo nuestro.
Hablando de los cuidados creo que cada palabra de esta triada es igual de importante, pero este último concepto engloba a los demás: tanto la atención como la escucha son formas de cuidado.
El cuidado que debemos tener es preguntarnos qué más le vamos a entregar de lo nuestro y de los otros a un sistema que nada le significa, o mejor dicho que no para de sacar ventaja y tajada de esa situación -cede inteligencia para obtener el cómputo, el dato, no arma encuentro.
Respecto a mi opinión sobre quienes consultan al chat, digo lo mismo que lo anterior: atención, escucha y cuidado. Sobre lo que volquemos ahí, sobre los abusos de su uso. La lA es una gran herramienta, a la vista está que muchas personas, empresas, y corporaciones la están utilizando y ya han permitido una agilidad en procesos y metodologías de organización. Sin embargo, lo que respecta a la salud mental, y las consultas al chatbots no está bueno, pero está pasando, hay que darle entidad y hablar de eso es fundamental.
¿Por qué no está bueno y “no es bueno"? Primero porque no hay un encuentro real de subjetividades, no hay transferencia, cuerpos ni presencia, por ende, no hay lazo con el otro. Se tiende a una deshumanización.
La lógica de la IA son respuestas inmediatas, recetas mágicas, indicaciones “eficaces”, un imán para la demanda de la época. Esto entra en tensión con el psicoanálisis que propone todo lo contrario; trabaja con la espera, el enigma, y la construcción subjetiva. Le damos valor al vacío, a la angustia que nos motoriza a otra cosa: es motor del deseo. En un espacio analítico no la taponamos con respuestas configuradas y armadas, al contrario, la desarmamos para armar lo propio ¿Qué pasa con esto? Es totalmente contrario a lo que nos ofrece el chat: angustia cero, no encontrarnos con la falta, positivismo al máximo, imposibilidad de pensar o desarmar ideas, total ya están.
Estas dinámicas entran directas en una sociedad dónde la angustia no está de moda, dónde no quiero ni tengo porqué sentirme mal, ni pensar de dónde viene eso que me hace sentir de esa manera. Entra directo en el producto social que quieren configurar: sujetos cada vez más narcisistas, individualistas y menos sostenidos por lazo social.
Entonces se desmiente el síntoma, y se intenta anularlo. Digo se intenta porque este no cesa de insistir, y es allí cuando entramos los profesionales de la salud (en el mejor de los casos): “Le pregunté al chat, pero… al final me dejó más ansioso/a; “Me dijo que si tenía eso me podía morir”. El chat vislumbra: “es algo que lo tiene todo, dónde está todo” y muchas veces, eso posibilita o aumenta certezas peligrosas frente a una angustia insoportable que pueden llevar al aislamiento social, suicidios, autolesiones, entre otras cosas.
Por Giuliana Paiva -Lic. en Psicología
