Atentos y enterados
Cuesta imaginar a Entre Ríos petrolera. La torre metálica en lugar del ñandubay, el olor del hidrocarburo en el aire del campo, el ir y venir de camiones de gran porte chorreados de negro, en fin, todo lo que concierne a esta explotación hasta ahora ajena a la vida entrerriana, dibujan un panorama tan diferente de nuestra realidad que la sola suposición del mismo nos abruma. Sin embargo, el tema ya se ha instalado entre nosotros y el debate es inevitable. Además, necesario. Mario Alarcón Muñiz El proyecto de estudiar el subsuelo de Entre Ríos en procura de hidrocarburos, no es nuevo. En el verano de 1961 al '62, época de gran empuje del petróleo en la Argentina, un equipo de exploraciones de YPF (entonces empresa estatal) realizó un estudio inicial en las proximidades de Gualeguay a la vera de la ruta 11 y se estableció luego en El Pueblito, departamento Nogoyá, donde llevó a cabo la mayor parte de sus tareas. Según los escuetos informes técnicos de entonces, se procuraba "encontrar un horizonte de areniscas con contenido de hidrocarburos o gases". La exploración llegó hasta una profundidad de 2.100 metros y oficialmente nunca se dieron a conocer los resultados, de donde se deduce que pudieron haber sido negativos, pues nunca más se habló del asunto hasta estos días. De aquél intento lo único visible en la actualidad es un monolito instalado en El Pueblito, pero es probable que los antecedentes técnicos descansen en los archivos de la empresa petrolera. En 1994 se reanudaron estudios y perforaciones en Federación, Concordia y Colón, pero con otra finalidad: la de extraer aguas termales. En este sentido los trabajos -repetidos en otros puntos de la provincia- produjeron los frutos que se conocen. ¿Hay petróleo?La cuestión se reavivó el pasado martes, cuando el gobernador Urribarri suscribió con el vicepresidente de YPF, Sebastián Ezquenazi, un convenio para "estudiar proyectos exploratorios de hidrocarburos". Algunas cosas han cambiado respecto de los trabajos de hace 48 años. Por lo pronto YPF es empresa privada por obra de Menem-Cavallo, entonces con fervoroso respaldo K desde Santa Cruz. Hoy la conduce el grupo Ezquenazi, también propietario de bancos (los de Entre Ríos, Santa Fe, San Juan y Santa Cruz, entre otros) y muy allegado al poder, según lo indican con frecuencia varios medios nacionales. Es lógico interpretar que una empresa de estas características no se zambulle por altruismo en proyectos de elevado costo y considerable riesgo como el que mencionamos. De tal modo cabe suponer que la probabilidad de hallar petróleo en nuestro subsuelo, es alta.No se conoce la letra chica del convenio, si es que la hay. En principio los estudios técnicos no merecerían mayores reparos, siempre que no afecten la naturaleza. En el peor de los casos será de utilidad conocer qué se esconde debajo de nuestros zapatos. La participaciónLo grave vendrá después, si es que se detectan yacimientos. Allí comenzará otra etapa. Varias organizaciones ambientalistas han formulado oportunas advertencias. En principio no se trata de oponerse, sino de abrir una serie de necesarios interrogantes. La protección del medio ambiente está contemplada en la nueva Constitución Provincial. Su respectivo código reglamentario se encuentra a estudio en la Legislatura. No obstante, un par de meses atrás el gobierno dictó un decreto que obliga a realizar estudios de impacto ambiental a cualquier tipo de nuevo emprendimiento, el que no podrá funcionar sin la aprobación de las autoridades pertinentes. Según los casos estas requerirán la colaboración de las unidades de nivel académico superior.En la situación que acaba de plantearse acerca del proyecto petrolero, deberá intervenir además el ciudadano común. Añadir a todos los estudios ambientales posibles la participación de la gente, evitará equívocos. Pero debemos permanecer atentos y enterados para que ningún episodio nos tome de sorpresa.
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