Autocrítica
La juventud actual nos parece que está equivocada, pero tal vez tendríamos que analizar si no son ellos los herederos de nuestros errores. Por Abel Lemiña Algo muy frecuente es criticar la juventud, compararla con la época de cada uno de los que hoy peinamos canas y decimos que lo nuestro fue mejor. Tal vez lo que sucede, es que lo actual es peor, no que los otros tiempos eran equilibrados y santos, sino porque había ciertos paradigmas y normas que daban un orden a la vida.Había límites y se reconocía el principio de autoridad como lógico y natural y los adultos merecían el máximo respeto. Ya con estos principios de formación moral el pasado le gana por goleada al presente, pero no podemos decir que nosotros fuimos mejores, es que la sociedad estaba mejor estructurada, porque las instituciones tenían un grado de solidez suficiente para que las personas se sientan contenidas.Pero en esa crítica a los jóvenes tal vez estemos incurriendo en un gran error, a lo mejor lo que estamos haciendo es endosarles a ellos los errores nuestros, pues la sociedad cambió porque los adultos lo permitimos, conciente o inconcientemente somos responsables de ese deterioro que heredaron nuestros hijos.Visto de esa manera la cosa cambia, porque entonces la crítica la debemos dirigir a nosotros mismos, porque fuimos los que dejamos caer esas instituciones y dejamos que la ética y la moral se las lleve el viento de la globalización.Porque en rigor de la verdad, si yo tuve una mejor juventud fue primero porque fue la que me tocó vivir, y fundamentalmente porque esos eran los tiempos que nuestros padres forjaron, defendiendo lo urbano, lo justo y educado. Los principios que estaban vigentes en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado eran los de nuestros progenitores y allí pudimos disfrutar la niñez, la adolescencia y la juventud que nos tocó en suerte.Cómo seríamos nosotros si hoy fuésemos los jóvenes, acaso no seríamos como los actuales o nos creemos una raza superior, y a la inversa, los jóvenes actuales cómo hubiesen sido en la época del tango, del jopo y del bolero.Cada uno se desenvuelve en el mundo que le tocó cronológicamente en suerte y si la moral se hizo trizas contra el suelo de los tiempos es simplemente porque ésta se escurrió entre los dedos de nuestras frágiles manos.Si partimos de una autocrítica y pensamos que esta juventud es la que forjé como artesano de la sociedad actual, en la que dejé entrar a los mercaderes de la droga, la violencia y el desenfreno, tal vez comencemos a involucrarnos más en la realidad y nos transformemos en bastones donde se puedan apoyar las manos de nuestros hijos cuando sientan que tambalean los cimientos de su personalidad, seamos espejo donde se puedan mirar, y sientan que no los dejamos a la deriva y encima los criticamos.Hay rivales que vencer, porque hay quienes se benefician con este presente a costa de generar basura social, primero hay que identificarlos y enfrentarlos no con violencia sino con inteligencia, esa que se quedó al costado de la realidad mientras nos robaban la justicia, se llevaban el respeto y maltrataban a mansalva la familia destrozando la célula fundamental de la trama social.La queja debe ser el disparador de acciones, pacíficas pero revolucionarias, porque todo cambio de paradigmas es una revolución. Debemos tener en cuenta que no nos queda mucho tiempo para actuar, debemos hacerlo con celeridad, porque los verdugos nos llevan ventaja y no tienen códigos por respetar, y eso les da cierto hándicap. Lo que nos da una esperanza es que esos, que lamentablemente son muchos y gozan de fama y poder, por suerte no cuentan en su haber con eso que se llama filantropía, esa que no debimos guardar en el rincón de los setenta y del que nos jactamos para ser los jueces del presente.Si queremos que la cosa cambie, recordemos que somos responsables de las circunstancias, que son las que hacen a cada joven de hoy, es decir, a cada hombre del mañana.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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