Automotrices, de la euforia al frenazo
Exponente de la recuperación fabril en la última década, durante la cual creció año tras año, la industria automotriz sufre desde el verano un severo cimbronazo. En las últimas tres semanas las fábricas del sector, instaladas en Córdoba y Santa Fe, iniciaron planes de suspensión de empleados, circunstancia que genera lógica preocupación a todo nivel.La industria automotriz lideró la expansión fabril a lo largo de 10 años, al punto que ha sido catalogada como la "niña mimada" del modelo económico inaugurado en 2003.El sector reaccionó con vigor ante los incentivos del modelo del dólar alto (tras la caída de la convertibilidad), al punto que se habló en un momento de que la Argentina experimentaba un boom automotriz.El ciclo de bonanza impactó favorablemente en otras ramas fabriles, como la metalmecánica, el sector plástico y de los neumáticos. También en las autopartistas nacionales, encargadas de proveer los bienes de producción para las terminales.Como sea, la industria automotriz "argentina" está dominada por firmas multinacionales que importan 7 de cada 10 autopartes. Y los vehículos que exporta, preferentemente a Brasil, no alcanzan a compensar el gasto por importaciones.Así el déficit comercial del sector fue creciendo con los años, y las últimas mediciones arrojan que por cada 2 dólares que ingresaron por las exportaciones, se enviaron 3 dólares al exterior en concepto de importaciones.Aunque aquí el llamado proceso de sustitución de importaciones tuvo severos límites, eso no impidió el crecimiento de las automotrices instaladas en el país: Ford Motor, General Motors, Mercedes-Benz, Peugeot-Citroën, Toyota, Volkswagen, Honda e Iveco.Se diría que con niveles de consumo interno en alza, un mercado brasileño demandante, y una economía argentina provista de dólares (básicamente aportados por el complejo sojero) necesarios para pagar los insumos importados, la industria automotriz vivió un ciclo de prosperidad.Hoy el sector atraviesa un fuerte cimbronazo por un cambio abrupto de ese contexto favorable. Objetivamente se produjo desde el verano un derrumbe de las ventas de autos.Como la industria necesita de muchos insumos importados, la reciente devaluación del peso encareció los vehículos, en función del dólar más caro. A esos aumentos se le sumó un impuesto extraordinario, de entre el 30 y 50%, para los autos de alta gama, que según las automotrices terminó afectando a casi toda la cadena.Por otro lado Brasil, cuya economía está sufriendo una desaceleración, compra menos autos que antes a la Argentina, lo que motiva que se hayan abierto negociaciones bilaterales.El parate de las ventas está afectando a todo el entramado automotriz: desde las terminales hasta las concesionarias que venden al público, pasando por los proveedores de materias primas, insumos y servicios.Pero sobre todo lleva zozobra a buena parte de los 165.000 trabajadores de la cadena. Según el economista Dante Sica, director de abeceb.com, el sector representa el 6,5% del PBI industrial y el 7,2% del empleo en forma directa. La industria se articula con 400 empresas autopartistas, 80 de las cuales tienen vínculos directos con las terminales. En el otro extremo de la cadena están involucradas más de 800 concesionarias y varias empresas de logística y transporte.Está por verse todavía si la crisis automotriz, asociada a una caída de ventas internas y de demanda de Brasil, es sólo coyuntural o llegó para quedarse un largo tiempo.
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