Bajo el imperio de los espejismos
Los seres humanos somos propensos a caer víctimas de nuestras propias imágenes mentales. Ocurre que quisiéramos creer que las cosas son de determina manera, hasta que la realidad nos anoticia de lo contrario.Ese hombre sediento en el desierto que ve oasis inexistentes en todos lados refleja en gran medida la condición humana. Allí opera una ilusión óptica, inducida en el observador por el calor insoportable.Entonces, por efecto de la refracción de la luz, los objetos lejanos dan una imagen engañosa. Se contempla una superficie líquida que, en realidad, es inexistente, porque solo tiene estado mental.Los dichosos oasis son los espejismos que levantamos como muros, acaso por temor a ver cara a cara lo que ocurre, o para defendernos ante el hecho de que las cosas no son como deseamos que fuesen.Vivimos rodeados de espejismos, en un mundo de ilusión. Pero ilusión en el sentido de engaño, que es la primera acepción del diccionario: "Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad".Mientras el juego de mentiras y simulaciones se puede sostener, la vida podrá discurrir normalmente. Pero el telón fantasmagórico que nos hemos construido alguna vez caerá.Llega un punto en el que la realidad negada, la que no queríamos aceptar, pero que estaba ahí, irrumpe con fuerza. Es el momento en que se desvanece el espejismo, y ocurre el fenómeno psicológico del desencanto.La desilusión no sólo es individual sino grupal. Las sociedades, en efecto, pueden vivir en un espejismo, en una pseudorealidad inventada, en la representación imaginaria de un mundo perfecto.Hasta que de repente nada es lo que parecía ser y todo se revela crudamente discrepante, agrandándose la brecha entre lo que se creía antes y los hechos, entre esa imagen idealizada y el mundo real.La farsa de desploma, como si se despertara abruptamente de un largo sueño. Así lo describe en una canción el cantautor español Ismael Serrano, a propósito de la sociedad global:"Vivíamos el cándido espejismo./ Ingenuos, devorábamos sumisos,/ilusiones,/ creadas para nuestras inventadas/ y justas necesidades./ Y entre anuncios que nos recordaban/ que éramos felices, un disparo/ de realidad/ hablaba de explosiones, de tormentas,/ de la guerra y del hambre".Las poblaciones también caen en el autoengaño colectivo, como una forma de huir de la realidad que no gusta. Hasta que la fachada sólida del espejismo, con la cual se vivía, se resquebraja.Nicolás Maquiavelo, el padre de la política moderna, creía que el hombre es un animal esencialmente crédulo y está siempre presto a abrazar una mentira confortable, o un espejismo conveniente a sus deseos.Desde aquí, el autor de "El Príncipe" aconsejaba que el gobernante, para ser exitoso, "debe disimular sus vicios y ser tenido por lo que no es". Y esto porque "quien engañe, encontrará siempre quien se deje engañar". ¿Es el espejismo una condición esencial del ser humano? El narrador y ensayista español Felipe Benítez Reyes, autor de "Mercado de espejismos", especula que en realidad lo propio del hombre es el estupor y eso lo lleva a inventarse verdades fingidas o esquemas adulterados."Creo que vivimos sin entendernos demasiado bien a nosotros mismos y sin entender demasiado bien lo que nos ocurre, y sin comprender demasiado bien a los demás. Es por esto que los seres humanos necesitamos fingir y aparentar lo que no somos", reflexionó en una reciente entrevista.
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