Bicentenario con muletas
"El labrador pondrá su verano de trigo. El jardinero pondrá su primavera de lirios; el panadero, su mañana de pan; el minero, su noche de carbón escondido...Todos pondremos nuestra jornada alegremente. Nadie podrá llegar y decir: "Todo esto es mío", porque esta frase cruel habrá desaparecido...¡Qué hermoso día para todos! Será domingo". Mario Alarcón MuñizEspecialEs un fragmento de lo que escribió hace muchos años José Pedroni. Claro, era poeta. Por encima de la realidad volaba, agitando las alas de los sueños. Hoy, en las vísperas del Bicentenario, es válido aquel poema. ¿Quién no anheló alguna vez sin ser poeta, una Patria fuerte, próspera, unida, distante de la pobreza, ausentes las peleas inútiles? El árbol y el bosquePoco tiempo atrás nos ilusionamos con el anunciado acuerdo del Bicentenario. Llegaba el momento de entendernos los argentinos en torno de grandes objetivos nacionales. En lo sucesivo discutiríamos formas y métodos de alcanzarlos, pero el compromiso de todos los sectores políticos y sociales garantizaría un rumbo cierto y consensuado. Más de una vez se mencionó el pacto español de la Moncloa (1977) como un modelo a seguir. Pura cháchara. A los pocos meses de encendida aquella esperanza nuestra dirigencia comenzó a mostrar su verdadero rostro. El gobierno decidió enfrentar al campo como si fuera el enemigo detestable. Y creció un estilo de confrontación pasado de moda que ha caracterizado el último par de años. Poco a poco se fue diluyendo la idea del gran acuerdo. Gobierno y oposición decidieron dar batalla por cuestiones menores, desgastando esfuerzos y minando la propia credibilidad. Así llegan al Bicentenario de la peor manera: mal dispuestos, desconfiados uno del otro, haciendo de la riña y el agravio el único argumento político, cerrando las puertas a cualquier posibilidad de consenso y confirmando su arraigada tendencia a mostrar la hilacha.Que la Presidenta se niegue a participar de la reinauguración del Teatro Colón para no sentarse al lado de Macri (quizá tenga razón de sentirse ofendida, pero la investidura y la circunstancia imponen ciertas obligaciones indeclinables); que a la fiesta del Bicentenario no se invite al Vicepresidente por antipático; que no se oficie un te deum sino dos, uno del gobierno, otro de la Iglesia y que a éste convoque la oposición como si se tratara de un acto político, son asuntos muy pequeños, pero representan trazos del panorama de estos días, justamente en el momento de la gran celebración nacional. No han aprendido a esquivar el árbol para ver el bosque. Algún día...De esta manera llegamos al Bicentenario con muletas. Serán apenas abandonadas para colocar flores de papel al pié del monumento a San Martín; honrar a Moreno, paladín de la libertad de prensa, mientras se repasa la lista de los periodistas críticos; exaltar la honestidad de Belgrano sin retirar la mano de la lata; hablar de los grandes logros y sacrificios de nuestros próceres después de haber permitido -cuando no aprobado con entusiasmo- la entrega del petróleo, el gas, las fuentes de energía, el acero, el ferrocarril, la minería, los bancos, la flota mercante, los frigoríficos, además de promover la caída de nuestra riqueza agropecuaria. Junto a nosotros quedan el cuadro de pobreza que nos aflige, la desnutrición infantil, el deterioro de la educación pública, la pérdida de nuestros valores culturales y una corrupción generalizada que se mete por todas las hendijas de la República.No queda mucho margen para festejos. Quizá ninguno. Pero alcánceme las muletas que quiero seguir andando. Algún día he de celebrar, aunque haya pasado el Bicentenario, cuando nuestros dirigentes demuestren que han recuperado la inteligencia, la sensatez y el patriotismo. Entonces leeré en voz alta el poema de Pedroni. Y todos entenderán que la Patria está primero. Al menos era así hace 200 años.
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