Bien ‘argentos’, con Messi en la cancha y Diego en la tribuna
Es inevitable escribir sobre lo que pasa a miles de kilómetros. La economía volvió a pegar un sacudón esta semana, por lo tanto es bastante más atractivo hundir la cabeza en el golazo de Messi a Nigeria o en la eliminación de Alemania, nuestros verdugos en los últimos mundiales. Jorge Barroetaveña ¿Qué el dólar volvió a subir? ¿Qué el paro de la CGT fue importante? ¿Qué la inflación de junio va camino a superar el 3%?Es todo cierto. Nada mentira. LA CGT le hizo a Macri el tercer paro desde que llegó al poder. Acicateados por los sindicatos más opositores y por una innegable presión social, los popes sindicales concretaron su medida de fuerza. Eso sí, no hubo movilización ni nada por el estilo, no fuera a ser que quedaran en evidencia las feroces disputas que sigue habiendo entre los gremios y sus diferencias a la hora de encarar la relación con el gobierno. Conviven como siempre los que quieren romper todo, que apuestan al caos, con los más moderados que saben cuáles son los límites. Hasta ahora estos últimos han ganado la pulseada. Hábiles para sortear la memoria recuerdan los 13 paros que le hicieron a Alfonsín. "Eso ya no se puede hacer más. La sociedad no lo tolera. Pero protestar hay que protestar porque estamos cada vez peor...", se sinceró un conocido gremialista cuyas canas ya conocieron los '80.En aquellos años, cada paro hacía detener el país entero. Hoy, si bien la repercusión de esta última medida fue alta, lejos se estuvo de eso. A los sindicatos también les pesa la pérdida de credibilidad que han tenido y el desprestigio de muchos de sus actores.Pero que los gremialistas tengan menos capacidad de influencia, no le resta dramatismo a la situación, ni aventa los fantasmas de la crisis. Es obvio suponer a esta altura que las palabras del 'Pollo' Sobrero que primero anunció que irían por la caída y después dijo que se había expresado mal, del gobierno de Macri, ya no tienen efecto. El gobierno de Cambiemos dobló la curva de la mitad de mandato y encara su último año y medio en el poder. Aunque en el calendario parecen un montón de días, para la política son un puñado apenas. En poquito más de 365 días estaremos votando por el sucesor de Macri, gobernadores e intendentes. Es el hilo institucional que nunca más debe cortarse en la Argentina. Y no hay que dudar de eso.Habrá montones de argumentos para votarle en contra, elegir otra opción o hasta no ir a votar, pese a que en el país es obligatorio hacerlo. Del tránsito y sus características dependerá la suerte del oficialismo. Y de todo lo bueno o malo que haga la oposición, léase peronismo, en ese tiempo.En sus más amplias acepciones el peronismo parece estar aprendiendo. La mayoría de sus referentes han tenido un perfil bajo en los últimos meses. Para algunos porque nadie quiere exponerse al enojo social y esperan que solo el gobierno sea destinatario de él. Para otros porque el proceso de aprendizaje sigue y se han dado cuenta que no sirve de nada sacudir el árbol. Que la historia reciente marca que el incendio no le conviene a nadie y que, al final del camino, terminan pagando los platos rotos los mismos de siempre.La economía se hundirá un poco más en los próximos meses. Aumentará pues el malestar social y recién a fin de año los indicadores, si es que pueden controlar la inflación, podrían empezar a cambiar las señales. El ajuste será morigerado, al menos en tarifas y subsidios, pero nadie asegura que será suficiente. No sólo para estabilizar la situación sino también para despejar las dudas sobre la capacidad que el país tendrá de enfrentar la carga de deuda que se nutre del déficit fiscal.Todos estos problemas tendrán, al menos hasta las dos de la tarde de este sábado un paraguas protector. Si Argentina sigue en el Mundial habrá una semana más de oxígeno. De lo contrario aflorarán como siempre y serán agenda del día. Por ahora las gambetas de Messi o los pelotazos de Banega, los ocultan en una bruma espesa.El fútbol es, al cabo, un fenómeno de masas que ni siquiera la política ha podido descifrar pero que muchas veces ha salido en su ayuda. Ejemplos sobran. Hay gente que detesta comparar el fútbol con nuestra vida cotidiana. Más con nuestra idiosincracia de argentinos. Invito a que nos pongamos la mano en el corazón y nos indaguemos. ¿Cuán parecidos somos fútbol y sociedad?Talentosos y pendencieros, poco afectos a la planificación y al trabajo en grupo, incapaces de mirar más allá de nuestras narices. Pensamos sólo en lo que pasará mañana y desdeñamos el futuro. Vamos corriendo detrás de la urgencia. Emparchamos y disimulamos. Confiamos a ciegas en el destino, nos encomendamos a las cábalas y a nuestra rica historia. Le jugamos un pleno a esa capacidad innata que tenemos para sortear los momentos difíciles. Aunque nos encanta caer una y otra vez en el mismo error. Somos Messi en la cancha y Diego en la tribuna. Vivimos a mil cada segundo y prometemos cambiar. Pegó en el palo y entró. Nuestra vida depende ahora de eso. Es redonda y pica. Para amargarse ya habrá tiempo.
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