Boom del consumo y signos de desahorro
Los argentinos han entrado en un ritmo de consumo que algunos asimilan al "déme dos" de los '90. Parece claro que hoy es mucho más conveniente gastar el dinero que ahorrarlo.El contexto macroeconómico, según los analistas, ceba el boom en las ventas. Juegan la inflación, la expansión monetaria, el tipo de cambio cuasi fijo, las tasas de interés bajas, y el crédito de corto plazo.El aumento persistente de los precios hace que quien tiene pesos en el bolsillo decida utilizarlos sólo para no perder poder adquisitivo. Ergo: la inflación acelera el consumo.La contracara de este proceso es el desahorro. Esto se echa de ver en aquello en que gastan su dinero los argentinos, sobre todo los sectores de ingresos medios y medios bajos.Comprar una casa o contraer un crédito hipotecario, por ejemplo, supondría orientar los ingresos hacia bienes que son refugio de valor, un modo legítimo de ahorro.Los bienes raíces son un activo patrimonial de la familia; una inversión en definitiva. Sin embargo, el inaccesible crédito hipotecario y el déficit habitacional, son signos de desahorro.El público más bien se ha lanzado a la compra de electrodomésticos, celulares y todo tipo de bienes de consumo rápido. Si el gasto supera al ahorro, en la economía familiar, se está frente a un proceso de descapitalización futura.El mercado del crédito en Argentina explica de algún modo este comportamiento consumista. El sector bancario ha volcado la liquidez en créditos al consumo, y apenas 1,70 peso por cada 10 que presta a líneas de financiamiento más largas.Al mismo tiempo, existen grandes capas de la población que, incentivadas por el auge consumista, se han endeudado más de la cuenta. Y les cuesta enormemente cancelar, todos los meses, los crecientes intereses que les genera la compra a crédito.Los sectores sociales de menos ingresos suelen sucumbir a la tentadora salida de comprar. Sin posibilidad de capitalizarse hoy, probablemente el precio que tengan que pagar por esta conducta es el empobrecimiento futuro.A todo esto, no está claro qué categoría social hace posible el récord de venta en los shoppings, la venta de autos, el boom turístico en plazas caras del país. ¿Acaso es la clase media, que ha recuperado su avidez adquisitiva?El ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, en una reciente entrevista, dio una pista. "Hay un tercio de la población en condiciones de consumo muy buenas. Pero hay una de cada tres personas debajo de la línea de pobreza. Hay una sociedad quebrada", señaló.En los libros de sociología se especula mucho acerca del síndrome consumista, como enfermedad característica de la sociedad contemporánea, en relación con un sistema más ahorrativo y previsor, como tuvo en su origen el capitalismo.Se trataría tanto de una negación enfática del carácter virtuoso de la dilación como de la conveniencia del aplazamiento de la satisfacción. El disfrute rápido de los objetos de consumo es una modalidad antagónica, así, a la que posterga el goce presente en aras del futuro.El ahorro es la parte de la renta que no se destina al consumo. Está influido y determinado por las políticas económicas que se siguen en un país. Un contexto inflacionario, más otras variables como tasas de interés relativamente bajas y crédito de corto plazo, suelen desalentarlo, a la vez que inducen a un mayor consumo de la población.Los ahorradores se sienten motivados o desmotivados a ahorrar. En el caso argentino, con la vuelta del "déme dos", parece dominar la segunda opción, toda vez que el público destina una porción mayor de su ingreso al consumo presente.
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