Bordet se dio cuenta, cierra los ojos y le da para adelante
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La amnesia tácita que envuelve al gobierno nacional y a los gobernadores permitirá, esta semana, que la Cámara de Diputados dé el primer paso para derogar la Ley Cerrojo y autorizar el endeudamiento externo. Jorge Barroetaveña Será la primera victoria política clara de un gobierno que carece de mayorías parlamentarias. Al cabo, un escenario infinitamente distinto al que se vivió hasta el 10 de diciembre pasado. La Argentina vive una instancia política inédita para nuestra democracia moderna: el Parlamento está activo y coleando, algo de lo que casi no había registro. El debate, el consenso y al fin, la negociación, es algo desconocido para la mayoría de los legisladores actuales, acostumbrados a las órdenes que venían desde Balcarce 50. En todo caso, esa situación de comodidad era para unos y otros, para oficialistas y opositores. Todos tenían claro qué hacer y cuáles eran sus límites. Los oficialistas sabían que debían impulsar las iniciativas del Ejecutivo y que no tenían margen para el pataleo. Los opositores que se iban a oponer, justamente, hacer un poco de ruido mediático y resignarse al final, a ser minoría. En ese juego todos estaban cómodos. Pero el 10 de diciembre la gente votó y los hizo para alumbrar poderes repartidos. Le dio mucho poder ejecutivo a Cambiemos, con la Nación, la Provincia y la Ciudad. Pero le dio poco parlamento. Lo que lo obliga a sentarse a negociar cada ley en el Congreso de la Nación. Crece pues el rol de los dirigentes opositores y, en especial, de los históricos gobernadores peronistas, en el ostracismo desde que los Kirchner sentaron sus reales en la Rosada.En este intercambio todos necesitan de todos. La Nación leyes clave que le permitan hacer reformas de fondo y aseguren su gobernabilidad. Los mandatarios del interior necesitan financiamiento para sus ahogadas finanzas que les asegure pagar sueldos y obra pública, parada desde principios del 2015. Son, en definitiva, intereses concurrentes, por eso el acuerdo por la Ley Cerrojo y el endeudamiento está al alcance de la mano. El kirchnerismo arrastra sus propias contradicciones en este tema que lo dejan también en una situación incómoda. Fue el mismo Axel Kicillof, que esta semana se cruzó feo con Alfonso Prat Gay, quién tenía prácticamente abrochado un acuerdo con los buitres y la Presidenta lo volteó a último momento. Si aquel acuerdo se hubiera rubricado, como fue el pago al Club de París, a los españoles por YPF o, más lejos en el tiempo, al FMI, nada pasaría ahora.Todos saben que, si la Argentina no puede acceder a los mercados internacionales, estará condenada a un ajuste rabioso y las primeras que lo van a pagar son las provincias. No hay más vueltas en esta historia de necesidades mutuas. También al Presidente Macri le asiste un argumento que bien podría utilizar, pero en la amnesia tácita que envuelve a todos se pierde: estos mismos gobernadores son los que se dejaron pisotear por el gobierno central y acataron a rajatabla todas y cada una de las directivas de Cristina Kirchner. ¿Qué autoridad tendrían ahora siquiera para levantar la mano y pedir por la coparticipación si no lo hicieron jamás en 12 años?La plata, al cabo, es la piedra de unidad y discordia. En ese fino equilibrio se filtra el acuerdo que quedó cerca a mitad de semana entre las provincias y la Nación por los fondos coparticipables y el famoso 15% que debe ser devuelto a las provincias. Al cabo, la trapisonda de Cristina de firmar aquel decreto a horas de irse y extender el reclamo del 15% a todas las provincias, terminará siendo la llave para destrabar el consenso que permitirá la salida del default de la Argentina. "No hay mal que por bien no venga", dice el dicho.Con el acuerdo cercano con los gobernadores el peso específico de otros opositores se vuelve más relativo. Es lo que le pasa a Sergio Massa, cuya estrella esta semana se vio eclipsada por el ascendente Diego Bossio, que con su porción de poder, también puede arrancarle condiciones al macrismo. Bossio, erigido en el pedestal de la traición para los kirchneristas duros, fue el puente para que se emitiera dictamen en comisión y se convirtió en una salida 'elegante' para muchos gobernadores que no quieren aparecer pegados al Frente Renovador.Hasta el 14 de abril la Argentina tendrá tiempo para depositar el pago a los bonistas. El gobierno estima que la última semana de marzo el Parlamento habrá hecho su trabajo y destrabará el conflicto. Con ese horizonte despejado el Presidente Macri cree que podrá dedicarse de lleno al tema que más lo preocupa que es la inflación. Supone también que, el financiamiento externo, ayudará a enfriar los precios, permitiendo bajar aún más el nivel de emisión y proporcionando una herramienta vital para hacer obras de infraestructura. También aquí sus intereses convergen con los de las provincias: hay centenares de obras sin terminar porque la Nación no giró más plata el último año y otras proyectados que se quedaron sin financiamiento.En Entre Ríos el Hospital de Gualeguaychú es el mejor ejemplo. Una mega obra que han ido haciendo de a cuenta gotas en los últimos años, sin contar las sucesivas 'inauguraciones' que ha tenido. Gustavo Bordet tiene una gran ventaja: Rogelio Frigerio, el poderoso Ministro del Interior de Macri tiene debilidad por Entre Ríos y conoce a fondo la provincia. Algún trasnochado o no tanto, podrá pensar que el armador político de PRO en Entre Ríos, ya está pensando en el 2019. Y habría que ser muy 'zonzo' para no aprovechar esa ventaja relativa que hoy tiene la provincia. Bordet se dio cuenta, cierra los ojos, y le da para adelante. Ya habrá tiempo para la pelea política.
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