Boudou y un triste récord que podría haberse evitado
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Es difícil ser Amado Boudou, habría que hacer un curso que todavía no se sabe dónde se dicta o sino preguntarle directamente a él, aunque el acceso a los periodistas a su persona está vedado, como estuvo casi siempre. Seguramente no será el 2.015, quizás el 2016. Deberá sentarse en la silla de los acusados. Está para el Guiness.Jorge Barroetaveña El Vicepresidente de la Nación será, cuando se escriban los libros de historia, un trago amargo para el kirchnerismo. No sólo por su origen en la extinta UCEDE, extraño pero el mismo lugar donde Sergio Massa empezó a hacer política, sino por su meteórica carrera política que aún nadie puede entender cómo terminó al lado de Cristina Fernández de Kirchner. Se explica claro, desde esas decisiones que se toman en lo más alto del poder y que suelen responder a caprichos personales, donde están ausentes las consultas y los tanteos. Nadie a esta altura puede suponer que la Presidente habría elegido a Boudou para secundarla si hubiera sabido el 1% de los antecedentes que tenía y las partes oscuras de su pasado, que por otra parte terminaron no siendo 'tan oscuras'. Bastó con rasquetear un poquito para que quedara mal parado.Pero hay dos cuestiones inexplicables de la presencia de Boudou en el gobierno. Una fue su elección, algo atribuible sólo a la Presidenta y a su círculo íntimo. De todas maneras los secretos de Olivos afirman que Máximo jamás lo digirió y le advirtió a su madre que se equivocaba. Pero eso formará parte de otra historia. Lo otro, tan inexplicable como lo primero es la persistencia en el error. El kirchnerismo ha construido en sus años de vigencia una extraordinaria máquina de poder y legitimidad electoral. Nada ni nadie le hubiera impedido eyectar al Vicepresidente, emitir una señal clara y arrebatarle a la oposición la eterna bandera de la lucha contra la corrupción y la transparencia. El supuesto alejamiento de Boudou es un golpe político que el gobierno hubiera podido absorber sin problemas cuando estalló el escándalo, y no le hubiera impedido seguir marcando la agenda de temas como lo ha hecho en todos estos años.Optó sin embargo por el camino inverso. Lo arropó y lo protegió hasta el hartazgo. Es más, hasta se dio el lujo de permitirle llevarse puesto a un histórico como Esteban Righi, Procurador General de la Nación, a quien acusó de formar parte de una conspiración para perjudicarlo. Por supuesto que eso nunca se comprobó, pero el cadáver político de Righi ya no tenía retorno. Esta misma actitud le ha dado, desde la aparición de las primeras denuncias, corroboradas luego por el primer procesamiento dispuesto por el juez Ariel Lijo, un caballito incansable a la oposición para pegar y pegar. Como esos boxeadores flojos de hígado. Hacia allí han ido en este tiempo todos los golpes y la respuesta oficial fue el silencio y a veces una tímida defensa.Si la apuesta fue a la dilución del escandalete fue otro error. Lejos de eso, las tribulaciones económicas de Boudou siguieron ampliándose y apareció una transferencia de un auto con papeles truchos, un domicilio en la playa y una causa más grave todavía por presunto enriquecimiento ilícito. Eso sin contar otra causa por dádivas, en la que los propios legisladores oficialistas le dieron esta semana una mano de 'bleque' cuando le contestaron a la justicia que ellos jamás recibieron invitación alguna para viajar ni en avión ni en helicóptero de parte de las empresas sospechadas. Pichetto ya debe tener los ganglios inflamados de tener que dar explicaciones ajenas y enfrentar cada vez que hay sesión los reclamos opositores del apartamiento del Vicepresidente. Su cara lo dice todo, aunque es la misma con la que defendió a Carlos Menem, a Eduardo Duhalde y después a Néstor Kirchner. El detalle es que tiene aspiraciones: o vice de Scioli o gobernador de Río Negro y la cercanía con Boudou, intuye con sagacidad, no lo favorece demasiado.Es que el Vice se ha vuelto como la kriptonita de Súperman: nadie lo quiere cerca pero nadie se anima a decirlo en público. Peor aún es que el año que viene, cuando la campaña esté en pleno desarrollo, tengan que salir a dar explicaciones ajenas. Si la Cámara confirma el procesamiento por negociaciones incompatibles y cohecho en el Caso Ciccone, habrá otro juicio oral y público en puerta. Un efecto similar tendrá si el mismo Juez Lijo resuelve la causa por enriquecimiento ilícito, en la que también está involucrada la ahora ex novia del vice. Al cabo, en este berenjenal solito se metió el gobierno y ahora no sabe cómo salir.Por supuesto que la extensión de la agonía política del vice ofrece otras lecturas. Para algunos la Presidenta intuye que Boudou es la última trinchera que la protege y que si él cae, la próxima será ella. Están los que temen que el vice hable si se va mal. ¿Cómo es eso? Como los arrepentidos de la mafia, teoría a la que adscribe la inefable 'Lilita' Carrió.En el ajedrez, los grandes jugadores, saben que a veces hay que sacrificar piezas en pos de la estrategia final. El kirchnerismo nunca entendió esta dinámica y se empeñó en el error. Boudou hubiera sido otra gran oportunidad para marcar la cancha y avanzar en temas flacos para el oficialismo. También la historia dirá si se trata de un libre pensador o un engranaje más de una máquina cuya extensión podemos intuir. Lo cierto hoy es que tendrá el triste récord de ser el primer vicepresidente de la historia argentina en ser sometido a un juicio oral y público.
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