Brasil, más que un mero socio comercial
Soja y Brasil. Ésa es la ecuación externa que sustenta el modelo económico argentino. Por eso la queja que acaba de formalizar el gobierno de Dilma Rousseff, por trabas a las importaciones argentinas, no es un tema menor.Los brasileños nos venden autos y piezas, calzados baratos, textiles, maquinaria agrícola y electrodomésticos. Y al parecer el gobierno argentino, necesitado de ahorrar dólares, le mete restricciones a estos envíos.Se habla de trámites engorrosos, demoras en los puertos, frenos a los camiones en las fronteras, entre otras tácticas dirigidas a frenar el ingreso de productos cariocas al mercado local."Queremos defender a nuestros exportadores. Pretendemos que Argentina adopte prácticas comerciales en regla con el Mercosur", dice la carta de Fernando Pimentel, ministro de Desarrollo e Industria del Brasil, a las autoridades argentinas.En Buenos Aires se habla de que las presiones de la dirigencia industrial paulista se están haciendo sentir. Al punto que el gobierno brasileño, si no encuentra eco a su reclamo, estaría dispuesto a tomar represalias contra Argentina.Es muy probable que esta tensión no pase a mayores. Además, los choques por temas comerciales entre los dos países no son nuevos. Como sea, es bueno aclarar que la relación con Brasil es de vital importancia para Argentina.Ocurre que el país no sólo obtiene divisas exportando soja y sus derivados al Asia. Los industriales argentinos suelen colocar sus productos en el mercado brasileño (entre otras razones porque no califican en otros más exigentes).El ejemplo más emblemático es la industria automotriz, que vive una especie de primavera dorada. Argentina le exporta al país vecino la mitad de la producción anual, unos 350 mil autos aproximadamente.Pero la cifra es engañosa. A este comercio lo manejan las trasnacionales del sector. El caso es que para armar los autos en la pampa, hay que importar el 80% de las piezas y autopartes, gran parte de lo cual viene de Brasil.Se da incluso esta paradoja: este comercio le genera un déficit de divisas a la Argentina (el valor de lo que se exporta no compensa ni mucho menos el valor de los insumos y equipos comprados).De hecho hoy el balance comercial total con Brasil es deficitario en 4.100 millones de dólares. Y esto ocurre pese a que la diferencia cambiaria favorece a las exportaciones argentinas.Hay consenso entre los economistas de que el país vecino tiene uno de los "atrasos" en el dólar más importantes de la región. Por lógica, la posibilidad de que Brasil devalúe su moneda pende como una espada de Damocles en países como Argentina.Tomando la relación del real y el peso desde 2001 a la fecha, lo que valía 1 en diciembre de ese año, hoy cuesta 2,56 en Brasil y 4,10 en Argentina. ¿Qué pasaría si la autoridad monetaria brasileña decide cambiar esta ecuación, para favorecer la exportación carioca?En los años '80, ambos países, en plena transición democrática, acordaron una agenda común para América del Sur, en respuesta al hecho de que la Guerra Fría se agotaba y la economía internacional se transformaba aceleradamente.Ese proyecto devino, en 1991, en el Tratado de Asunción, la piedra angular del actual Mercosur. A veinte años de ese tratado, el dato es que la asimetría entre Argentina y Brasil no ha hecho más que agrandarse.En 1986, el PBI brasileño, medido en dólares, era casi tres veces más alto que el de Argentina; en 2010, es cinco veces y media superior. A todo esto, Brasil no sólo es hoy la principal potencia regional, sino que es un actor global.
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