Bregar por ciudades que sean saludables
Hace tiempo se sabe que hay una estrecha relación entre urbanización y salud. El entorno físico y social, efectivamente, no es neutro al bienestar de las personas.El tema es de máxima actualidad global a la luz del pronóstico según el cual en sólo 20 años el 70% de la humanidad vivirá en núcleos urbanos. El mundo se está urbanizando rápidamente y esto tiene un obvio impacto en la salud.La percepción que existe es que si bien la vida en la ciudad sigue ofreciendo numerosas oportunidades, sobre todo de acceso a una mejor atención de salud, por otro lado los entornos urbanos concentran nuevos riesgos sanitarios.Los desafíos urbanos más evidentes están relacionados con el agua, el medio ambiente, la violencia, los traumatismos, las enfermedades no transmisibles (problemas cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas), dietas malsanas, inactividad física y consumo nocivo de alcohol, así como con los riesgos asociados a brotes epidémicos.La vida en las ciudades y las crecientes presiones derivadas de la comercialización masiva, la disponibilidad de productos comestibles malsanos y el acceso a la automatización y al transporte influyen sobre el modo de vida y afectan directamente a la salud.María Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en declaraciones al diario 'El País' de Madrid, ha reconocido recientemente que las ciudades agravan la patología de la obesidad."Las ciudades están diseñadas de tal forma que son una jaula de sedentarismo", ha dicho en referencia, entro otros factores, a la falta de lugares seguros para jugar, caminar o andar en bicicleta.Según la funcionaria, el concepto de "ciudad saludable", acuñado hace tiempo por la OMS, parece ser insuficiente para dar cuenta de los problemas que entraña la relación entre urbanismo y salud."Ahora mismo este concepto tiene que ir un poco más allá, tenemos que hablar de polución, de transporte sostenible, de parques, de zonas verdes con producción de alimentos, de pasillos para que la gente pueda caminar y tenemos que hablar de edificios pensando en la salud", sostiene Neira.Atacar la polución ambiental, según dijo, debe ocupar el centro de atención de cualquier política urbanística. Y al respecto indicó que el aire que respiramos se está convirtiendo, junto a la obesidad, en los peores enemigos de la salud."La obesidad -aclaró- nos lleva a un síndrome metabólico que hace que enfermedades como la diabetes y cardiovasculares estén más presentes. La exposición al aire contaminado representa siete millones de muertes al año".Neira postuló que en los países nórdicos, de alto desarrollo humano y económico, los habitantes tienen incorporado el concepto de que la salud se juega en la interacción con el entorno y determinada prácticas sociales."En Estocolmo, por ejemplo, los ciudadanos consideran que una persona joven que se desplaza en coche, por muy pudiente que sea, es un pobre diablo", ejemplificó la especialista.En su opinión, cuanto más nivel intelectual, social y económico tiene los miembros de una comunidad, más se practican políticas ambientalistas y se contribuye a nivel individual a no generar contaminación.Bajo este concepto, Neira argumenta que la construcción de una ciudad saludable no requiere más recursos sino más compromiso social. Y sobre todo una autoridad que comprenda lo que está en juego.
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