Brotes de fanatismo en el escenario global
¿Cómo interpretar el secuestro de 230 niñas en Nigeria, por parte de un grupo radical islámico? ¿O la tensión entre Rusia y Ucrania? ¿Y qué decir de la persistente división en Medio Oriente? En todas partes, sostiene David Brooks, analista del diario 'The New York Times', el tejido de paz y de orden se está deshilachando. En su opinión, se está configurando "un nuevo e incierto orden mundial".El fin de la Guerra Fría acabó con la rivalidad ideológica Este-Oeste. En su lugar, aparecieron las pugnas religiosas y raciales ocultas por ese conflicto entre capitalismo y comunismo.Ucrania es hoy escenario de una guerra entre grupos étnicos diversos, que mantienen entre sí odios ancestrales. Pero también allí tiene lugar un viejo juego de poder entre Occidente y Rusia.Las apetencias expansionistas de Moscú (nacionalismo ruso) son más que evidentes, algo que sugiere el retorno de una geopolítica que se creía superada.También China (el poder de la raza amarilla) hace sentir su peso en el Pacífico, y extiende su influencia en el resto del globo, especialmente en Latinoamérica, a la cual pretende "colonizar", según algunos expertos.Charles Hill, antiguo funcionario del Departamento de Estado, reconoce que el "Siglo Norteamericano", que se ubica dentro de la "era moderna", está feneciendo, y es reemplazado por algo que no será agradable.Según Hill, la sociedad global tiene que enfrentar hoy dos grandes vicios de las relaciones internacionales: el deseo de dominio regional y el deseo de eliminar la diversidad.Esto se echa de ver, dice, en Medio Oriente, donde los levantamientos en varios países, como Siria, expresan la disputa de fuerzas político-ideológicas que pretenden la hegemonía en la región.Todo se da en un marco de repliegue del derecho internacional ante la lógica de la voluntad de dominio. Pero sobre todo dentro de un contexto espiritual de intolerancia, abonado por brotes de fanatismo.El secuestro de 230 niñas de un colegio en Nigeria, por parte de Boko Haram, un grupo islámico radical, revela hasta dónde puede llegar el "integrismo religioso".El líder de este movimiento guerrillero, Abubakar Shekau, reconoció en un video la autoría del hecho. "Yo secuestré a sus niñas", dice en la grabación, donde agrega que las chicas no deben estar en la escuela, sino que deben casarse. "Dios me instruyó que las venda. Ellas son su propiedad y cumpliremos con sus instrucciones", afirmó.Boko Haram, cuyo nombre significa "la educación occidental es un pecado", fue fundado en 2002 por el clérigo Mohammed Yusuf, en el noreste del país africano. Y en el último lustro ha desatado una campaña de violencia sostenida con el propósito de derrocar al gobierno nigeriano y establecer un Estado islámico.El grupo promueve una versión del Islam que prohíbe a los musulmanes participar en cualquier actividad asociada con Occidente.Esta organización, que tendría vínculos con otros grupos afines, como Al Qaeda, revela no sólo la fuerte gravitación que tienen las expresiones religiosas extremistas. Junto al tribalismo, que enarbola exclusivismos étnicos, base de los nacionalismos políticos, estas sectas religiosas muestran una exacerbación de la tendencia global a eliminar la diversidad humana.Muchos de los conflictos que hoy sacuden al mundo son tributarios de estos fanatismos grupales, que sólo conocen el lenguaje de la guerra y desprecian la coexistencia pacífica de distintas culturas.
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