Buena escucha, un remedio al conflicto
Los conflictos entre vecinos, la violencia doméstica, el fanatismo político en democracia, son patologías que revelan la presencia de una cultura de la incomunicación, en la que no hay interés en escuchar al otro. Las estadísticas parecen corroborar el diagnóstico existencialista de Jean Paul Sartre según el cual "infierno son los otros".Según trascendió, el 66% de los asesinatos en la provincia de Buenos Aires fue por peleas entre conocidos. De 1.500 homicidios dolosos en 2014, 987 fueron producto de conflictos intrafamiliares o interpersonalesEntre las razones que se esgrimen para explicar el fenómeno se menciona la tradición autoritaria de la Argentina, donde abundan los apologistas de la confrontación y los ideólogos de la violencia para la resolución de los conflictos.Las patologías incontrolables que conllevan la destrucción del tejido social se enmarcan en una matriz cultural donde predominan la anomia y el desapego a las leyes.Pero la convivencia humana suele naufragar también por una comunicación malograda. Hay, así, una imposibilidad de establecer una conexión psicológica y espiritual con las otras personas.Pese a ser seres dialógicos por naturaleza, y ufanarnos de manipular nuevas tecnologías de la información, hemos perdido de vista que la comunicación tiene una dimensión ecológica y ética.Así lo han visto pensadores de la talla del filósofo alemán Jürgen Habermas, quien dice que la acción comunicativa está en la base de la "democracia deliberativa", una perspectiva que pretende darle viabilidad al pluralismo de las sociedades contemporáneas.Se confunde comunicación con propaganda, con el poder persuasivo para imponer ideologías. Es la teoría del emisor hegemónico, cuyo relato de la realidad debe ser aceptado autoritariamente por los receptores.Pero aquí lo que se escamotea es la escucha, solo a partir de la cual es posible la comunicación humana. El punto es que las personas nos ignoramos porque estamos más interesadas en hablar, en dar nuestro punto de vista, que en prestar atención a lo que el otro dice."Nosotros creemos que estamos comunicados porque decimos algo. Pero para que ocurra la comunicación, que en el fondo es un diálogo entre dos personas, debe darse una escucha efectiva".Eso le dijo a este diario la psicóloga Mónica Romani, quien impulsó en la parroquia Santa Teresita de nuestra ciudad un "servicio de la escucha", como actividad laical.Una comunión que sane y afiance los vínculos interpersonales debe provenir, justamente, de una práctica que promueva una buena escucha, sin la cual no existe diálogo humano."El diálogo requiere hospitalizar al otro", dijo la psicóloga en relación a la capacidad del lenguaje para acoger al interlocutor. Pero para establecer un verdadero puente con él, hay que depurarse de los prejuicios."Muchas veces escuchamos desde nuestros presupuestos, desde lo que yo pienso. Es decir, no estoy escuchando lo que me está diciendo la otra persona, sino lo que opera en mí su decir. Ahí entran a jugar mis preconceptos y se obtura la comunión", reflexionó Romani.Suponemos erróneamente que lo que decimos es lo que las personas escuchan. Y al mismo tiempo, muchas veces escuchamos solo lo que queremos escuchar (según nuestros prejuicios).En este sentido, es importante que desarrollemos las competencias requeridas para producir una escucha más efectiva, que es la base de la comunicación humana y estrategia clave para conjurar el conflicto.
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