Buscando una utopía para el siglo veintiuno
En un mundo descreído resulta lógico que el pensamiento utópico no despierte el interés de antes, sobre todo en las nuevas generaciones. Sin embargo, siempre existe el inconformismo con la realidad presente y el deseo de transformarla. La humanidad, hasta acá, ha ensayado todo tipo de soluciones radicales, siguiendo un modelo ideal. Los más recientes experimentos políticos del siglo XX -el comunismo y los fascismos de variado pelaje- han sido catastróficos.El concepto de "fin de la historia", formulado a fines de los '90 por el politólogo Francis Fukuyama, registraba el desencanto posmoderno ante los relatos totalitarios del pasado, que prometían un mañana maravilloso.¿Hemos pasado abruptamente, acaso, de una época delirantemente utópica, al descrédito y desplome casi absoluto de todas las utopías? ¿Hemos llegado a un punto en el cual al hombre ya no le quedan ganas de imaginar una sociedad perfecta?El primer modelo de sociedad utópica se lo debemos a Platón (siglo V). Inspirado en el experimento espartano de la época, el filósofo griego esbozó, en su libro "La República", un diseño de ciudad ideal, jerárquicamente ordenada y con perfecta armonía del todo y la parte."La ciudad ideal no existe más que en nuestro discurso, pues no creo que exista alguna parecida en ningún lugar del mundo", reconoció Platón, un filósofo siempre disconforme con el mundo concreto existente.La herencia platónica influyó, siglos más tarde, en la obra que dio nombre a este tipo de pensamiento: "Utopía", escrita en 1516 por el humanista inglés Tomás Moro.Allí tiene lugar una conversación entre personajes que describen en forma crítica la situación social de Inglaterra en esa época. En ese marco, se introduce el relato de un marino que narra su experiencia como náufrago en la isla de Utopía (del griego, "ningún lugar").En esa isla -en oposición a la realidad inglesa- rigen la tolerancia, la planificación comunitaria de la sociedad y la igualdad económica, no existe el dinero ni la propiedad privada y reina el placer sin exceso, el trabajo sin fatiga, la comodidad sin lujo y el recreo sin ocio.Se ha creído ver en el utopismo un deseo de recuperar la Edad Dorada, un supuesto estado inicial de felicidad que habría disfrutado el género humano, algo latente en la mayoría de las tradiciones religiosas y culturales, como la judeo-cristiana con la idea del Paraíso.Otras utopías importantes son la propuesta por San Agustín en la "La ciudad de Dios", la utopía pedagógica de J.J. Rousseau en el libro "Emilio" y las de los socialistas en el siglo XIX.También hay descripciones de órdenes utópicos en obras literarias como "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" o en los poemas pastoriles renacentistas.El pensamiento utópico, como se ve, es inherente a la condición humana y responde invariablemente a una crítica profunda de la sociedad actual, considerada como corrompida y sin esperanza.Se diría que de tiempo en tiempo se esparce entre los hombres la creencia de que es posible crear una sociedad ideal, en la que se concrete una especie de Paraíso en la tierra.¿Dónde late esa creencia en el siglo XXI? ¿Cuál es la utopía de la actual generación? ¿Será la Ciberutopía, es decir la creencia de que la llave de la emancipación la traen las nuevas tecnologías?El desplome de los intentos por plasmar históricamente una sociedad ideal, ¿han acabado acaso con la tendencia humana a inventar utopías?
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