Busti, Urribarri y los difusos límites de la pelea por el poder
La dinámica del enfrentamiento entre Busti y Urribarri escribió un nuevo capítulo esta semana. Un atribulado Aníbal Brugna anunció que renunciaba a su derecho de acceder a la banca. Rodeado de los popes de la CGT provincial y de su jefe directo, Hernán Vittulo, el sindicalista optó por capitular. "No aguanto más", había dicho algunas horas antes.Por Jorge BarroetaveñaEs que la frustrada llegada de Brugna a la banca en la Cámara de Diputados esconde una larga historia que arrancó en el 2.006. Aquel año, cuando Busti con mano de hierro empezó a elegir a sus candidatos, su relación con el referente departamental de Gualeguay, Vittulo, estaba intacta. Cortadas las líneas con Jodor, entonces intendente, su plataforma electoral se sustentaba en el actual senador. Aquella guerra sin cuartel, a la que Busti contribuyó con sus desplantes contra Jodor para favorecer a Vittulo tuvo un final anunciado: el PJ ganó claramente las elecciones de marzo del 2.007, segunda quedó la ex Lista 100 con Jodor a la cabeza y tercero el radicalismo con Nuevo Espacio.Brugna, alter ego de Vittulo y hombre fuerte del sindicalismo provincial, consiguió quedar en la puerta de acceder a una banca. Fruto de las urgencias del bustismo, el armado de la lista lo terminó 'pateando' hasta ese lugar, aunque con la promesa nunca escrita obviamente, de alguna renuncia (podría ser la del propio Busti) que le permitiera llegar al lugar soñado.Algún día se escribirá la historia de la larga transición entre el gobierno saliente de Busti y el entrante de Urribarri. Pero la sensación, que siempre quedó instalada, es que el ex ministro de Gobierno buscó diferenciarse desde el principio de su antecesor. Ya con el bastón de mando en la mano, sus decisiones y sus actos empezaron a poner cada vez más distancia. Busti, cometió el error de pensar que Urribarri le respondería directamente. Grosera equivocación en alguien que lleva tantos años en política y a esta altura debería saber que todos los discípulos buscan tener vuelo propio. En el medio apareció el conflicto del campo, que terminó de distanciarlos definitivamente. En ese vaivén se consumían las ansiedades de la mayoría de los dirigentes importantes de la provincia. Ese nivel medio, vaso comunicante con la militancia de los pueblos y ciudades vagó errante durante meses. Busti cada vez disparaba munición más gruesa contra el gobierno nacional y Urribarri desandaba el camino contrario, pegando su destino al matrimonio presidencial.Ese fue el ditirambo de Vittulo, igual que el de muchos otros que no sabían qué hacer y hacia dónde poner la proa. Los actos y los dichos, de los dos liderazgos fueron haciendo el embudo cada vez más estrecho. Y en el 2.009, después de las elecciones, llegó la hora de las definiciones. Sin los comicios de por medio, todos quedaron con las manos libres (o no tanto) para elegir entre uno y otro. Pero las reglas de juego siempre estuvieron claras. Nadie podrá argumentar desconocimiento. El Justicialismo no se ha caracterizado, en su vida en el poder, por tener un respecto irrestricto de las instituciones. Ni antes ni ahora. Y cuando Vittulo tomó la decisión de seguir con Urribarri sabía a qué se exponía. Cuando los peronistas luchan por el poder, no trepidan mucho en las formas y menos en los contenidos.Esta guerra sin cuartel que libran con sordina los dos líderes del PJ entrerriano va dejando víctimas en el camino. Brugna será una de ellas. Cuando se conoció la renuncia de Cáceres a la banca y su asunción en el Ministerio de Desarrollo Social, el fantasma de la impugnación fue cobrando forma. ¿Alguien duda que si el bustismo cobijara al sindicalista habría tardado dos minutos en asumir? No seguramente, pero los caminos de ambos se bifurcaron hace un tiempo y en política la deslealtad se paga más que la traición.En esta vorágine los cruces que protagonizan los dos sectores son cada vez más virulentos, poniendo en riesgo la victoria del PJ en las elecciones del año que viene. Claro, algún distraído se preguntará qué PJ. Es que los dos corren riesgo, el PJ-K y el Peronismo Federal coquetean peligrosamente con la derrota, aunque esto no parece estar en los cálculos de ninguno. En las cercanías del gobernador parecen haberle puesto fecha a las elecciones: mayo del año que viene. Saben que corren con la ventaja de poder fijar el cronograma electoral, algo que irrita especialmente a la UCR. Y especulan que la presencia de Busti acabará por quitarle más votos al radicalismo que al propio peronismo. En los próximos meses, el gobierno provincial intensificará los anuncios de obras en todo el territorio y Urribarri seguirá caminando cada centímetro de pueblos y ciudades. En el medio, casi como una partida de ajedrez, le sigue soplando aliados a su antiguo jefe. Ahí ha cumplido un rol clave el senador Vittulo, hoy ungido jefe de su bloque. El legislador fue vital para convencer a los Cresto en Concordia y ya tendría todo abrochado con otro 'viejo bustista', hoy en otro poder, que renunciaría a su cargo en las próximas horas para ser candidato urribarrista.A la hora de repartir ventajas y desventajas, Busti y Urribarri lucen parejos. A ver. Busti no tiene la necesidad diaria de la gestión, con todas las urgencias que eso implica. Pero no tiene a disposición la inmensa maquinaria del estado ni el margen de maniobra que da poder acceder a todos los recursos públicos. Su menor exposición le implica menos desgaste, pero lo somete a un esfuerzo permanente para estar arriba del escenario. Urribarri no tiene esa necesidad y parece ser conciente de eso.Sin embargo, algo los une, más allá de las diferencias: el poder. Uno no quiere perderlo y el otro quiere volver. Con ese objetivo, los límites, muchas veces, se vuelven difusos. Demasiados difusos.
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