Cambio climático y el poder de la suspicacia
¿Y si la destrucción humana del medio ambiente fuese un mito? ¿Y si detrás de quienes calumnian al industrialismo como causante del cambio climático están los viejos enemigos de la economía libre?¿No será que la teoría antropogénica, que sostiene que la Tierra se está degradando por causas del hombre, no tiene más sustento científico que cualquier dogma religioso?Estas preguntas flotan en el aire al leer "Mercaderes del cambio climático", el artículo de Alejandra Folgarait, que encabeza la sección Enfoques, del diario La Nación del domingo último.En realidad, allí la autora arremete contra el partido de los "escépticos" del cambio climático, entre ellos científicos a los que acusa de venderse ante los lobbies energéticos y petroleros, interesados en que no se los regule."Ante la catarata de estudios que prueban la responsabilidad humana en el aumento de la temperatura global y en el incremento de fenómeno climáticos extremos, como huracanas y sequías, los científicos escépticos generan sospechas de todo tipo", sostiene Folgarait.La nota periodística es interesantísima, entre otras cosas porque revela que la llamada "comunidad científica" no es asexuada ni impoluta, sino que está atravesada por intereses económicos y políticos.La autora sostiene que hay una especie de complot dirigido a desacreditar la idea de que es el hombre quien está influyendo en fenómenos como el agujero de ozono, la lluvia ácida, la desertificación, el derretimiento de los polos y demás.Los conspiradores, dice, son las grandes empresas económicas interesadas en continuar con los actuales niveles de consumo y sobre todo la industria basada en el petróleo.Estos lobbies se oponen a la reducción de la emisión de gases de invernadero y con ese propósito, sostiene Folgarait, contratan a científicos para que nieguen el cambio climático.Así, estos científicos alegan que los cambios en el clima son naturales, que el calentamiento global es producto de una anormal actividad del sol y que el pronóstico sobre la degradación del planeta responde a una visión catastrofista interesada de los grupos antiglobalización (especie de comunistas reconvertidos a la fe ambientalista).El artículo periodístico, más allá de la disputa que ventila, mueve a varias reflexiones. Una se vincula al estatus del conocimiento científico. ¿Es un saber cierto y verdadero o una pura creencia?Al respecto, no hay unanimidad. El filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, por ejemplo, adhiere a la postura relativista según la cual hay que hablar de "paradigma científico", y asimila paradigma a un conjunto de creencias y valores aceptados por una comunidad en una época.La otra reflexión a que mueve el artículo en cuestión, es de índole psicológica. Y tiene que ver con el poder corrosivo y demoledor de la sospecha, la duda y la incertidumbre.Es decir, la mejor táctica para desbancar un paradigma dominante (que puede ser científico) es ejercer la suspicacia, una palabra definida por el diccionario como "especie o idea sugerida por la sospecha o desconfianza".Ya el líder comunista italiano Antonio Gramsci, en sus tácticas revolucionarias, aconsejaba sembrar la sospecha sobre la clase dominante, para socavar su prestigio ante la población y a la vez desmoralizar a ésta.La duda paraliza la acción, desmoraliza y desgasta la capacidad de resistencia. Alguien ha dicho, incluso, que es más nociva que la certeza del mal.Se podría decir que la creciente politización del debate ambiental -donde se mezclan intereses económicos, políticos e ideológicos- no hace más que sembrar la duda sobre el problema.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

