Cambios cotidianos que dispara la crisis
De golpe, el derrumbe de los mercados ha dejado al desnudo la precariedad de un estilo de vida fundado en la opulencia. El engranaje de la economía se ha detenido, y vivir ya no equivale a consumir.
Si el trabajo o la actividad febril por procurarse dinero, con el fin de obtener objetos, daban sentido hasta ahora a la existencia de tantos norteamericanos y europeos, la quiebra del bienestar trastorna todo.
Por la fuerza de las circunstancias, ya se detectan signos de agotamiento de la cultura del tener, piedra de toque de un sistema que cifraba todo en el goce material.
En este contexto hay un retorno a una vida más sencilla, que privilegia los vínculos con la familia y los amigos, que rescata otro costado de la vida por fuera de la lógica mercantil.
Se dirá que esta mudanza durará lo que dure la crisis. Que una vez que se encamine la economía, volverá con fuerza la obsesión por los objetos, reiniciando otro nuevo ciclo consumista.
Es probable que esto ocurra. Aunque hoy parece prematuro aventurar un retorno sin más a las cotas de bienestar anteriores. Hay razones para sospechar que la crisis que afecta al sistema económico global no es coyuntural sino sistémica.
¿Quién puede vaticinar cómo será el nuevo orden económico y social que emergerá tras la caída de los valores financieros? La historia de la humanidad, a decir verdad, suele tener virajes inesperados.
Por lo pronto, las crisis globales suelen impactar en las vidas cotidianas. Y en Argentina, de acuerdo a algunos relevamientos, los argentinos parecen seguir la onda que se detecta en otros lugares del planeta.
El 55% elige disfrutar de la familia y sus amigos, cuando hace ocho años el 66% prefería el dinero. Esto dice un estudio de la consultora de investigaciones de mercado GFK Kleiman Signos.
Hay varias explicaciones al fenómeno. Algunos expertos dicen que ante el hecho de que se trabaja más, para mantener equis estilo de vida, se han reducido las horas de disfrute con la famila.
Además las nuevas tecnologías –computadoras, correo electrónico, celulares, mensajes de textos, reproductores portátiles multimedia- han llevado el trabajo a espacios antes reservados a la vida personal (como el hogar).
La hiperconectividad, por tanto, supone trabajar cada vez más horas, agregándole otra carga a la vida diaria. “Hay un nivel de cansancio físico y psíquico brutales y mucha gente sigue trabajando en las vacaciones”, sostiene el psicoanalista Sergio Rodríguez (diario Clarín).
Para otros especialistas, como la psicóloga Mónica Rosemberg y el médico Daniel López Rosetti, se está dando un cambio de valores: “Lo que las crisis económicas dejan como aprendizaje es que los bienes, el dinero y hasta el trabajo se pueden perder de la noche a la mañana; entonces la gente apuesta a lo que perdura: la familia, los hijos, los amigos, los afectos”.
Rosetti comentó: “Tengo pacientes que dicen: ‘Yo tenía acciones en el City que valían 50 pesos pero hoy valen uno. Para que el City desapareciera tenía que suceder una invasión extraterrestre’. Sin embargo cayó en crisis también. Por eso la gente hoy valora el diálogo, jugar a las cartas, compartir momentos de la vida antes que la carrera por poseer”.
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