Cambios en la lectura: ahora se surfea en la red
Nuestra vida intelectual está mutando a caballo de la revolución tecnológica. Aunque seguimos en un universo alfabetizado, en materia de lectura el mundo de la pantalla es un lugar muy diferente del mundo de la página.Se sabe que la actividad del lector varía según la naturaleza del texto leído. En efecto, no es lo mismo examinar un contrato que hojear un diario o que degustar una novela.En algunos casos buscamos información de utilidad para la vida diaria, en otros queremos gratificarnos con una ficción que nos transporte hacia una dimensión imaginaria, acaso para evadirnos justamente de la realidad.Pero la práctica de la lectura está mutando hoy por la aparición de un nuevo canal por donde circula la palabra escrita. La imprenta y sus productos -en especial el libro en papel- se están viendo desplazados por Internet.El nuevo medio favorito para almacenar, procesar y compartir información en todas sus formas, está cambiando la manera en que los lectores descifran los familiares símbolos alfabéticos.La metáfora más usada que emplean los semiólogos para capturar la naturaleza de la lectura en la Web tiene que ver con el surfeo. La imagen es sugerente: el internauta se parece a aquel deportista que se desliza en una ola de pie sobre una tabla.Quien lee en un hipermedia, así, surfea en la cresta de una de información permanentemente renovada, se desplaza de un nodo a otro en un océano de documentos interconectados.Christian Vanderdope, autor del libro "Del papiro al hipertexto", sugiere que este cambio en la práctica de la lectura entraña una modificación cognitiva en las personas, respecto al modo de apropiación de los conocimientos.En su opinión, "mientras en la civilización de la imprenta, el hojear era considerado secundario en relación con el leer, en materia de hipermedia, por el contrario, la operación de leer es marginal en relación con la de surfear".Es decir, en el modo tradicional de la lectura se privilegiaba la asimilación en profundidad del texto, frente a la conducta liviana de saltar o recorrer distintas porciones textuales.Hoy esta prioridad se ha invertido: hoy el usuario lector se dedica a surfear, a moverse entre los documentos, en lugar de detenerse morosamente en alguna página seleccionada.Vanderdope considera que de este modo tiene lugar un nuevo modo de consumación de los signos, situado a mitad de camino entre el libro y el espectáculo. Pero lo que este lector gana en extensión, sugiere, lo pierde en profundidad.La acción de surfear puede ser una aventura apasionante. El riesgo es que ese lector que navega apenas termine captando imágenes y fragmentos textuales. Algo parecido opina Nicholas Carr en su libro "Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?".Carr cree que la red nos está configurando a su imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y mirar superficialmente la información pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión.Al margen de esta discusión, habrá que convenir que la lectura es esencial para la formación cultural y humana. Y muchos escritores han lanzado particulares proclamas en su favor.Entre nosotros Jorge Luis Borges señaló: "Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído"Por su parte Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, afirmó: "Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

