Caminar hacia el encuentro
Renovar nuestro compromiso espiritual y dejar renacer lo mejor de nosotros. Por Elsi Rodrí[email protected] En esta época de adviento es bueno replantear nuestra filosofía de vida. ¿Hacia dónde vamos?, ¿cómo lo hacemos?, ¿qué actitud tenemos hacia el otro?, y tantas otras preguntas que nos hacen reflexionar sobre la calidad humana, sobre nuestra mirada generosa y solidaria hacia la sociedad.Preparemos el corazón y ofrezcámoslo con gratitud. Cada paso que sea un encuentro con Jesús, el buen pastor. --------------------------------------------------------- Caminar hacia el encuentro Hace tiempo que un viajero en una de sus vueltas por el mundo, llegó a una tierra, le llamó la atención la belleza de sus arroyos que cruzaban los campos, los sembrados, Habiendo caminado mucho tiempo, se encontró con las casas del pueblo, sencillas coloridas y con puertas abiertas de par en par. No podía creerlo... él venía de un lugar muy distinto. Se fue acercando pero su sorpresa fue mayor cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo invitaron a pasar. Los padres de los niños invitaron al viajero a quedarse con ellos unos días. El viajero aprendió muchas cosas, por ejemplo a hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas, pero había una de la cual no podía descubrir el significado. Cada día y algunos días en varias ocasiones el papá la mamá y los niños se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, un burrito marrón y una vaca. Despacito dejaban una pajita entre María y José. Con el correr de los días el colchoncito de pajitas iba aumentando y se hacía más mullido. Cuando le llegó al viajero el momento de partir, la familia le entregó un pan calentito y frutas para el camino, lo abrazaron y lo despidieron. Ya se iba cuando dándose vuelta les dijo:- Una cosa quisiera llevarme de este hermoso momento.- Por supuesto -le contestaron- ¿qué más podemos darte para el camino? Y el viajero entonces preguntó - ¿Por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y José? Ellos sonrieron y el niño más pequeño respondió:- Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Y así vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser delgado y por lo mismo frío. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calentito. El viajero parecía comprenderlo todo. Sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena, pero una voz dentro de él lo invitó a llevar por otros pueblos lo que había conocido tanto de nuevas labores, como de los corazones sencillos tan llenos de amor, como los de esa familia... ----------------------------
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