Caminar no es algo de lo cual podamos prescindir
En un ambiente absolutamente artificial, provisto por la moderna tecnología, algunas funciones vitales quedan inactivas, aunque el precio que se paga por ello puede ser desastroso para la salud física y psíquica.Hay antropólogos que suscriben la hipótesis de que hubo un proceso evolutivo que condujo al hombre a adquirir la capacidad de andar sobre dos extremidades y permanecer erguido sobre ellas. "Bipedación", le llaman al fenómeno.Abandonar el andar cuadrúpedo típico de los monos, para empezar a caminar erguidos sobre las dos piernas supuso un salto evolutivo enorme, dicen esos científicos. El caminar, por tanto, es un rasgo distintivo del hombre.Sin embargo el sedentarismo, entendido como falta de ejercicio o inactividad física, va en sentido contrario a esa práctica natural. La pregunta es, ¿puede el hombre prescindir de moverse o de trasladarse de un lugar a otro dando pasos?La respuesta es negativa, a la vista de los trastornos de salud que trae aparejado que el organismo no se mueva. La obesidad, concretamente, se ha convertido en el problema número uno de la salud pública, por las enfermedades asociadas a ella.Los médicos reconocen una predisposición genética a la gordura, pero aclaran que lo decisivo es la falta de movimiento de la actual generación. Diversos estudios revelan que el hecho de caminar a buen ritmo diariamente reduce la influencia genética en la obesidad.Uno de ellos fue presentado en un simposio de la Sociedad Americana del Corazón, por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en los Estados Unidos. El trabajo sacó como conclusión que el mejor remedio es la caminata.Una hora por día, a paso firme, se presenta como la mejor solución para reducir el peso físico. La investigación evaluó a 12.000 participantes. Se recolectaron los datos sobre la actividad física que realizaban y las horas dedicadas a ver televisión durante dos años antes de evaluar el índice de masa corporal.Se analizaron esos datos con las variantes genéticas que se considera que influyen en el aumento de peso. Lo que se encontró es que el efecto de la variante genética se podía reducir en los participantes que se movían más."Desde los años ochenta, se están encontrando evidencias que permiten entender cómo la actividad física reduce el riesgo de enfermedades. Pero aún cuesta que la gente la incorpore en sus hábitos diarios", refirió Irene Ventriglia, directora del programa saludable para el tratamiento de la obesidad del Hospital Italiano de Buenos Aires.Para los hombres, estar sentados más de 6 horas por día aumenta 20% el riesgo de morir más tempranamente en comparación con los que se sientan 3 horas. Eso dice un trabajo reciente de la epidemióloga Alba Patel, de la Sociedad Americana del Cáncer en Estados Unidos. En el caso de las mujeres, pasar 6 horas sentadas aumentaría el 40% el riesgo de muerte prematura.¿Está nuestra civilización técnica pensada para evitarnos el caminar? Parece bastante claro que las tecnologías, en este punto, no son neutrales. McLuhan nos ha dicho que los coches, por ejemplo "extienden" el pie humano.El norteamericano Jerry Mander cree que el canadiense se equivocó. En realidad, dice, los coches reemplazan el pie humano. En su opinión, el hombre ha mediatizado tanto la experiencia, como el acto natural de caminar, que está atrofiando esta facultad.La cultura de la pantalla -televisión y ordenadores- no ha hecho más que radicalizar la inactividad física. Sin embargo, parece claro que caminar no es algo de lo cual podamos prescindir.
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