Campaña entre escraches, Chávez y la falta de propuestas
Por Jorge Barroetaveña
A menos de un mes para las elecciones, todo indica que pocas cosas van a cambiar. El debate por las testimoniales siguió dominando buena parte de la semana. Las dudas judiciales, la presentación de un grupo de juristas y el cruce entre Claudia Rucci y el Ministro Aníbal Fernández, le echaron un poco más de nafta al incendio, envolviendo en una telaraña la posibilidad concreta de formular propuestas. Cuando la semana languidecía, le tocó el turno al venezolano Chávez. Su decisión de estatizar tres empresas del Grupo Techint despertó la ira de los empresarios vernáculos y confirmó la preocupación de los brasileños. Por si fuera poco, una charla en off entre ‘Lula’ y Chávez en Salvador (Brasil) se filtró a la prensa local. “Las estatizaciones no abarcarán a las empresas brasileñas…”, se le escuchó decir al ex militar. La provocación a esa altura se volvió intolerable. Tanto que la Presidenta Cristina Kirchner llamó a su par para pedirle explicaciones y un descargo público sobre sus supuestos dichos. El camino elegido por Chávez fue el peor: dijo que todo había sido una broma.
Sólo los protagonistas saben si el presidente venezolano, en su ‘luna de miel’ en El Calafate junto a la pareja presidencial, les comunicó la decisión estatizadora que tomaría un par de días después. De una u otra manera, no dejó bien parados a sus aliados más sureños. Si les dijo, el silencio argentino revela complicidad con la decisión e hipocresía en la respuesta posterior. Si no se los dijo traicionó a sus principales aliados y con quienes, afirman aquí y allá, se tiene una relación estratégica, diferente a la que se tiene con el resto de los países del mundo.
En el mundo empresarial empezaron a abrir los ojos. Desde hace un par de años el Parlamento brasileño frena el ingreso de Venezuela al Mercosur. Los principales lobbystas para que esto ocurra son los poderosos sectores empresariales, temerosos de las políticas que Chávez lleva adelante. Si con Sidor se callaron, el último embate colmó la paciencia del empresariado local y encendió las luces de alarma sobre el ‘efecto imitación’ que se podría dar en la Argentina. Rápidos de reflejos, los candidatos opositores salieron a agitar el fantasma: “si gana Kirchner, después del 28, es lo que se viene para Argentina”, disparó Carrió desde una tribuna en Entre Ríos, en medio de la campaña.
Claro, los mismos empresarios que ahora están asustados por lo que podría pasar, y comienzan a objetar la política oficial para el sector, son los que durante los últimos 6 años aplaudieron el modelo y se prestaron a cuanta convocatoria oficial recibieron. Son los mismos que consintieron en silencio la reestatización de los fondos de pensión, la llegada de directores oficiales para el manejo de empresas privadas , aplaudieron a rabiar los fallidos planes canje de autos o heladeras o miraron para otro lado antes los agresivos métodos del Secretario de Comercio Guillermo Moreno.
Si el efecto de Gran Cuñado se va diluyendo a medida que se acerca la fecha de la elección, la virulencia en la protesta del sector agropecuario sigue el camino inverso. El escrache a Daniel Scioli en Lobería, Provincia de Buenos Aires, despertó la reacción de todos los sectores, incluidos los ruralistas. A la Presidenta en Córdoba, en Río Tercero, la esperó un tractorazo pacífico por las calles de la ciudad y Agustín Rossi ya no sabe cómo hacer para recorrer el interior de Santa Fe. La metodología de la agresión siempre es condenable, venga de donde venga y tenga el tinte que tenga. Movilizarse pacíficamente, protestar, mostrar algún cartel o entregar petitorios, es algo normal en una democracia. Pero pasar a las vías de hecho, arrojando cualquier objeto contundente, no es admisible.
De todas maneras, las protestas amagan incrementarse con el correr de las horas. Scioli llegó custodiado por la friolera de 400 policías a Lobería que no pudieron evitar que tres muchachos sortearan el cerco de seguridad, llegando casi hasta las narices del gobernador. “Me van a tener que pegar un tiro para que deje de hacer campaña”, retrucó en el mismo tono belicoso el ex motonauta. Desde el gobierno salieron a acusar a Unión-PRO del escrache, en conjunción con activistas rurales.
El temor generalizado que existe en la campaña oficial es que se instale la sensación que sus candidatos no pueden recorrer el país, cuestión que acabe perjudicando sus chances electorales. Los más optimistas afirman que la metodología violenta de los escraches es condenada por la mayoría social y que eso se terminará volviéndose en contra del reclamo y de los candidatos opositores que tengan una actitud condescendiente ante los ataques. Entre estas vertientes, el conflicto con el sector rural está lejos de ceder y es probable que aumente su intensidad después del domingo 28 de junio.
Con una elección que podría ofrecer sorpresas, los encuestadores se alarman por el grado de desconocimiento e indefinición en vastos sectores de la población, el último mes de campaña debería traer los consabidos debates. Kirchner ya anticipó que no asistirá a ninguna de las invitaciones, con el remanido argumento de ‘las que hablan son las obras’ y es probable que el resto, ante su negativa, opte por hacer lo mismo. De hecho, la presentación de la plataforma electoral ante la justicia, del kirchnerismo, fue de apenas 3 carillas, quizás en consonancia con sus palabras. De Narváez corre el riesgo de pasarse de rosca con la campaña publicitaria y tiene que conformar a Felipe Solá que da cada vez más señales de descontento. Y Margarita Stolbizer pelea por evitar la polarización y vestir a su propuesta con las ropas del ‘castigo’. Ese del que tanto se habla pero que aún se ignora la dimensión que alcanzará. Sólo las urnas tienen ese secreto.
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