Editorial | Pobreza

Campaña en favor del Hogar de Ancianos local

La entidad que acoge y asiste a los ancianos desvalidos de Gualeguaychú lanzó una campaña para llegar a los 1.000 socios, con el propósito de mejorar su situación económica.

La iniciativa la encara la comisión directiva de la “Pía Unión San Antonio de Padua”, responsable del Hogar de Ancianos “Cura Jeannot”, y es una ocasión para que la comunidad local muestre una vez más su espíritu solidario.

Se informa que actualmente la masa societaria supera los 400 adherentes que abonan 100 pesos por mes cada uno y el propósito es poder alcanzar los 1.000 socios, para poder solventar los gastos que demanda el funcionamiento del enclave.

Al respecto, quien desee asociarse puede acercarse al propio Hogar, situado en Ituzaingó Nº662 o comunicarse a los teléfonos (03446) 15643771 / 15520605.

El Asilo de Ancianos local es una de las organizaciones de la sociedad civil que nació con el propósito de dar cobertura a la ancianidad carenciada y sin familia. Y en este sentido es un símbolo de la idiosincrasia local de solidaridad y amor al prójimo.

La sociedad nativa tiene un rico historial de iniciativas espontáneas y privadas orientadas a subvenir a personas ante circunstancias especiales (inundaciones, incendios, accidentes, enfermedades, hambre, pobreza, discapacidades, entre otras).

De ahí la cantidad de ONGs que, desde el ámbito privado, canalizan el aporte de los vecinos, interesados por socorrer a los más necesitados. Este hábito colectivo, por el que personas en forma desinteresada se organizan para dar respuestas a demandas sociales, es un capital social de Gualeguaychú.

El Asilo de Ancianos local fue creado el 15 de junio de 1933 gracias a la labor del padre José María Colombo. Este sacerdote convocó a un grupo de damas de la ciudad, que formaron la Pía Unión de San Antonio de Padua para hacer beneficencia.

En el lugar donde hoy está el asilo funcionaba el Colegio de la Inmaculada Concepción, que tras varios años de tarea, había cerrado sus puertas. Ante esa circunstancia Colombo sugirió a las integrantes de la Pía Unión utilizar ese espacio para crear un hogar para los abuelos desprotegidos y abandonados de la ciudad.

En tanto otro sacerdote, el padre Pedro Blasón, fue quien inauguró en el año 1933 el Asilo de Ancianos que llevó el nombre “Pía Unión de San Antonio de Padua”. El emprendimiento surgió en la primera parte del siglo XX ante el hecho de que muchos ancianos deambulaban por la ciudad mendigando ayuda y muchos otros estaban solos, sin recursos ni hogar estable.

Por entonces se confió la atención de los abuelos a un grupo de religiosas de la orden de San Francisco, quienes desarrollaron su tarea caritativa por más de 50 años.

Las hermanas de la Caridad -como se les llamaba- obviamente no cobraban por su trabajo. El problema es que esa mano de obra “invalorable”, luego debió ser sustituida por personal rentado, con todo el esfuerzo económico que eso significa para una entidad sin fines de lucro.

Desde entonces la cuestión presupuestaria se ha convertido en un problema acuciante, que se ha ido subsanando con el dinero de los socios, el auxilio de la población (a través de rifas, bonos y donaciones) y el aporte generoso de distintas empresas.

Y aunque hoy los abuelos reciben pensiones y jubilaciones, a la institución se le hace cuesta arriba cubrir el pago de los servicios, los gastos de alimentación y atención médica de los abuelos y el pago de haberes al personal contratado.

De ahí la importancia de que más vecinos se sumen a la lista de socios de la institución.

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