Candidatos, teléfono: recuerden siempre que la que los pone y los saca es la gente
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El sano ejercicio de la democracia tendrá en esta jornada su punto culminante: el voto. Hoy tendremos los ciudadanos todo el poder en nuestras manos sólo acompañados por la conciencia. Y es para valorar que, democráticamente, podamos elegir a aquellos que van a representarnos. Un deseo: hay que hacerse cargo de lo que votamos. Jorge Barroetaveña Las campañas suelen concentrarse en las consecuencias para los candidatos ganadores o perdedores. En esta parece no haber habido excepción. ¿Por qué lo digo? Porque el grueso de las especulaciones de unos y otros transitaron las mismas rutas: cómo quedará posicionado tal o cual, cómo quedarán sus aspiraciones de ser presidente, si saca 10 puntos se candidatea, menos de eso no, cuánto se verá afectada la Presidenta por el resultado en los dos años que le quedan de mandato, cómo será la sucesión en el peronismo, si Cobos y Binner definirán en una interna la fórmula de radicales y socialistas... una infinidad de interrogantes que todos corrían ansiosos por querer responder. Pero ¿y el ciudadano? Ese que hoy decidirá en el cuarto oscuro por uno o por otro, ¿cuáles serán las consecuencias que sufrirá o gozará?Para ponerle un manto de realismo a lo que suceda en esta jornada habrá que decir que lo que se elige, aunque algún trasnochado todavía no lo sepa, son legisladores nacionales, diputados y senadores que irán con sus cuerpos y almas al Congreso de la Nación (¿las convicciones las dejarán en la puerta, cómo dijo Kirchner hace algunos años?).Ninguno de los hombres y mujeres electos hoy tendrá el poder de influir en forma decisiva sobre la vida de la gente en los próximos dos años. La Argentina es un país de matriz 'hiperpresidencialista' y las decisiones más importantes se toman en la Casa Rosada, hoy en manos de Cristina Fernández de Kirchner. Esta realidad no sufrirá grandes alteraciones en los dos años que vienen. Por eso, es importante bajar las expectativas porque la campaña pareció poner en juego el sillón del Presidente. El grueso de las especulaciones fueron a parar a la disputa en la provincia de Buenos Aires entre Scioli y Massa, quién gana y quién pierde y cómo quedarán parados ambos después de lo que suceda esta noche. Si Massa gana por 10 puntos será candidato presidencial e irá por todo. Si gana por menos, se leerá como un fortalecimiento de Scioli que puso el hombro, la cara y la billetera para bancarlo a Insaurralde y evitar que la derrota sonara a catástrofe.En Ciudad de Buenos Aires Macri se afila las uñas para su candidatura presidencial, que no está dispuesto a dejarla. El líder de PRO calcula una división en el peronismo y que en el medio pueda colar su ambición. Desde lejos, Cobos en Mendoza y Binner en Santa Fe ya pergeñan una interna para ver cuál será el orden de la fórmula de radicales y socialistas. Y desde Entre Ríos Urribarri le da rienda suelta a su sueño de llegar a la cima, tratando de ponerle sello a una victoria contundente que será la mejor carta de presentación en medio de un kirchnerismo perdidoso en casi todo el país. Pero esta larga enumeración de ambiciones personales, son apenas eso. Ambiciones personales que están lejos aún de las demandas mutantes de la sociedad. Nadie puede creer que esta Argentina es parecida a la del 2001 o a la del 2003 cuando Kirchner asumió la Presidencia.La década de kirchnerismo no ha pasado en vano y dejará su marca indeleble. Pero las demandas de los ciudadanos van mutando con el paso de los años y los gobiernos largos se vuelven lentos de reflejos para escucharlas, atenderlas y solucionarlas. Después de 10 años es lógico el desgaste y es natural el deseo de buscar nuevos horizontes. Cuál será la profundidad de ese deseo y quién lo corporizará es la gran incógnita que empezará a develarse desde las seis de la tarde de esta noche.Massa, la nueva estrella fulgurante del cielo político argentino, no plantea romper todo. Navega por un discurso ambiguo, fijando dos o tres temas que le preocupan al ciudadano bonaerense y navega a partir de eso. El resto del arco, ni el peronismo disidente, ni los radicales, ni los socialistas anuncian el apocalipsis o la necesidad de grandes cambios. Mejorar la calidad institucional, atacar cuestiones puntuales como la inflación o la inseguridad, son parte de una agenda común. Suponer que el kirchnerismo no es conciente de esto sería muy ingenuo. Por eso los cambios después del 11 de agosto y la morigeración de los discursos inflados. Pero hay procesos que en la democracia llevan su tiempo y las etapas se cumplen. Un mérito del actual gobierno será que dejará al próximo, sea de su mismo signo político o de otro, sobre una plataforma distinta y mucho más elevada que la que Néstor Kirchner recibió en el 2003. Y es justamente producto de ese devenir, que las demandas crecen y mutan y las administraciones se van volviendo lentas y aburguesadas.Es el juego de la democracia y la alternancia en el poder, algo a lo que en nuestro joven proceso político aún no estamos acostumbrados. Cualquier decisión, a favor o en contra la tendrá la gente que hoy dará el primer paso. Después habrá dos años para contar los porotos y ver para dónde rumbea la sociedad y que timonel elige para que la transporte. Pero los dirigentes no deberían olvidarse que representan las expectativas, los sueños y las demandas de millones que los ponen y los sacan. Que los hombres pasan y las instituciones quedan. Que si buscan el bronce no hay mejor manera de conseguirlo que no pensando en él.
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