Cansancio: fenómeno psíquico de la época
Una cosa es sentir agotamiento después de un esfuerzo de cierta envergadura. Otra experiencia es cuando alguien dice sentirse "cansado de la vida".Los psicólogos apuntan que el cansancio es un fenómeno habitual de nuestra vida moderna. Viene aparejado a las mil preocupaciones del hombre de la ciudad.La familia, la pareja, el trabajo, el estudio, la política, los conflictos sociales, son algunos factores que juntos demandan un gran esfuerzo físico y mental.Aunque la vida siempre fue difícil y ninguna época estuvo exenta de dificultades, hay razones para pensar que la nuestra, pese a las comodidades alcanzadas, se revela más compleja, y en este sentido más proclive a producir agotamiento en las personas.Ya en 1934 Enrique Santos Discépolo, en su célebre tango 'Cambalache', hablaba de un mundo "problemático y febril", sugiriendo la existencia de un estilo de vida acelerado y más estresante.Se diría que hay un cansancio normal, una respuesta lógica del organismo tras una actividad intensa. Se habla, así, de una sensación de falta de energía física y psíquica después de un esfuerzo más o menos largo.En ese caso, ante el cansancio, se necesita hacer un alto, interrumpir la tarea que se tiene entre manos, y reponer fuerzas, con el propósito de recomenzar más tarde con nuevos bríos.Se sugiere planificar los días de descanso en función del agotamiento que se sufra. El descanso debe incluir la inactividad, la pausa en la vida diaria o el cambio de ocupación.Pero hay un tipo de cansancio que abarca la vida en su totalidad, y que se ha vuelto una patología preocupante en las sociedades contemporáneas. Es un cuadro físico, psíquico y espiritual que se expresa en una pérdida de ganas de vivir.El psiquiatra español Enrique Rojas dice que este cansancio se expresa inconcreto, abstracto, amplio, difuso, desdibujado, sin referencias claras, de suerte que quien lo sufre no sabe a qué atribuirlo.Al describir su vivencia interna en el sujeto, habla de una mezcla de sentimientos displacenteros donde todo se tiñe de un regusto indolente, en el que "se alinean la pereza, el desaliento, el pesimismo, el desánimo, la melancolía y el sentimiento de impotencia con respecto a la vida".Según la descripción de Rojas, "emerge lentamente una especie de agobio decepcionante combinado con la expresión de estar herido o roto por dentro".El hombre abrumado por este sentimiento de abatimiento vital suele caer en la indiferencia y la desmoralización, y se halla a la deriva. "Son los momentos en que la vida está en peligro", advierte el psiquiatra español.La descripción se acerca a la dada a este diario por Daniel Wengrovsky, coordinador del departamento de extensión del Sanatorio Adventista del Plata, cuando habló de personas "fundidas"."Es el cuadro más complicado -explicó-. El problema es que la persona ya no responde. Ya no le funciona siquiera el mecanismo de alarma ante la realidad. ¿Ahora, no le pasa nada a esta persona? Sí le pasa. ¿Y por qué no responde, entonces? ¿Por qué no dispara la alarma? Porque se quedó sin pilas, se quedó sin batería. Le pasan cosas y la persona no reacciona. Es decir, dejó de vivir o se está bajando de la vida. Se quedó sin combustible para vivir y ahora lo único que le queda es empujar".Cuando este cuadro se presenta, cuando la persona que lo sufre empieza a no hacer pie, a perder el equilibrio y a hundirse, la fórmula del descanso no alcanza para vencer el cansancio.
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