Caprichos de la naturaleza
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La evolución de las concepciones humanas respecto de todas las cosas va cambiando sin pausa, aunque cada uno piensa que sus propios valores son los mejores que se han conocido y que por ello incluso sus descendientes deberán ajustarse a estos. Pero generación tras generación los valores aceptados se modifican; es un lugar común de la literatura universal, que los padres se quejen de las conductas indecorosas habituales de sus hijos, y también es muy significativo que cada uno de nosotros sienta profundamente que el paquete de valores y normas en los que confiamos y a los que tratamos de ajustar nuestras acciones es definitivamente el mejor de todos los posibles.Las concepciones acerca de la naturaleza que hemos tenido a lo largo del tiempo no escapan a las generales de la ley y también han cambiado dramáticamente. Es inevitable que respecto de estos temas ocurra lo mismo.Cuando quien esto escribe usaba pantalones cortos -altri tempi-, en los púlpitos de las iglesias los sacerdotes proclamaban en sus peroratas dominicales que Dios había creado la naturaleza y lo había puesto al hombre en el centro de ella para que reinara y la pusiera a su servicio. Ni se imaginaban que medio siglo después, un Papa Argentino se llamaría Francisco, en 2014 estaría preparando una encíclica sobre Ecología que presumiblemente nada tendría que ver con aquellos mandatos de "dominar" la naturaleza.A la luz de lo ocurrido podríamos decir que el imperio humano sobre el mundo natural ha sido un reinado caótico y destructivo que nos ha llevado a un estado de cosas que algunos consideran terminal. Pero aclaremos un poco: terminal para los seres humanos no para la naturaleza.La ética de la naturaleza es evolucionar en cualquier sentido que lo indiquen sus parámetros y así lo ha hecho desde hace unos trece mil millones de años, el hombre en cambio es solo un episodio reciente en este proceso y a la luz de lo ocurrido con todas las especies vivas, perecedero.De hecho, todas las especies animales conocidas han desaparecido o desaparecerán, tal lo indica la observación de la biología.Y la naturaleza bien gracias, digamos que a la naturaleza le importa un bledo que el hombre exista o no, lo único que cambiará esta circunstancia es el sentido de su derrotero.Si el hombre continúa influyendo en los fenómenos naturales como hasta el presente, alterando para peor las condiciones que facilitan la vida en general y la humana en especial, los tiempos de la especie humana serán mucho más cortos y en algunos pocos millones de años (una bagatela en términos de la vida del universo) no quedará absolutamente ningún vestigio del interregno temporal del más absurdo de los seres que existieron, el único que deliberadamente destruyó las condiciones que garantizaban su reproducción como especie: el humano.A la naturaleza le da lo mismo, para ella es lo mismo un desierto que un bosque, el agua dulce y el agua salada, una atmósfera cargada de oxígeno que una dominada por gases sulfurosos, un árbol que una piedra, una cucaracha o un ser humano, una glaciación que un período tropical, un volcán que arroje trillones de toneladas de materia sólida a la atmósfera que oculten el sol por varios siglos, o que la atmósfera sea tan diáfana que nos permita gozar de la contemplación permanente de la cúpula celeste.
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