Carta al pueblo de Dios
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social La cuestión relativa a los derechos humanos es muy importante. La dignidad de cada persona debe ser cuidada y promovida. En varios momentos de los 200 años de la historia de nuestra patria hubo enfrentamientos que derivaron en atropellos a esa dignidad.A partir de afirmaciones recientes del ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, tuvieron amplia difusión algunos artículos que ponían en tela de juicio la actuación del Episcopado en la década del 70.Los obispos de la Argentina hemos estado reunidos esta última semana en Asamblea Plenaria, y hemos dialogado acerca de aquellos años. A varios de nosotros sacerdotes, religiosos y laicos nos habían acercado quejas y perplejidades sobre esos dichos. Por eso nos pareció necesario escribir una carta al pueblo de Dios que titulamos "La fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz". Les recomiendo leerla completa en la página www.episcopado.orgLa carta reitera las enseñanzas del episcopado condenando a la tortura, el secuestro, la violencia. Se recuerda el dolor de la violencia y atentados de la guerrilla, incluso en tiempos de gobierno democrático. La violencia siempre es ilegítima. "Pero menos aún puede legitimarse la violencia ejercida por el Estado, fuera de la ley, ni por grupos paramilitares. Es el Estado el responsable de tutelar los derechos de todos (cf ICN 33. 97. 133). Y en esa ocasión dijeron los obispos: 'Porque se hace urgente la reconciliación argentina, queremos afirmar que ella se edifica sólo sobre la verdad, la justicia y la libertad, impregnadas en la misericordia y en el amor' (ICN 34)."También recordamos que el Beato Juan Pablo II pidió a toda la Iglesia realizar un camino de purificación de la memoria y pedido de perdón como preparación al gran Jubileo del 2000. En las parroquias y comunidades cristianas durante 1998 se realizó este camino de examen de conciencia. De ese camino decimos que "en aquella ocasión, imploramos la misericordia de Dios: 'porque en diferentes momentos de nuestra historia, hemos sido indulgentes con posturas totalitarias, lesionando libertades democráticas, que brotan de la dignidad humana'; y también 'porque con algunas acciones u omisiones hemos discriminado a muchos de nuestros hermanos, sin comprometernos suficientemente en la defensa de sus derechos' (Encuentro Eucarístico Nacional, Córdoba, septiembre del 2000)".En nuestra carta manifestamos que: "queremos estar cerca de cuantos sufren todavía por hechos no esclarecidos ni reparados. Cuando la justicia es demasiado largamente esperada, deja de ser justicia, y agrega dolor y escepticismo. Sabemos que en miles de familias hay heridas abiertas y angustiosas, por lo acontecido después del secuestro, detención o desaparición de un ser querido. Compartimos el dolor de todos ellos y reiteramos el pedido de perdón a quienes hayamos defraudado o no acompañado como debimos"."Nos sentimos comprometidos a promover un estudio más completo de esos acontecimientos, a fin de seguir buscando la verdad, en la certeza de que ella nos hará libres (cf Jn 8,32). Por ello nos estamos abocando a revisar todos los antecedentes a nuestro alcance. Asimismo alentamos a otros interesados e investigadores, a realizarlo en los ámbitos que corresponda. De nuestra parte, hemos colaborado con la justicia, cuando se nos solicitó información, de la cual podíamos disponer. Además, exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes."Asimismo, nos pareció necesario volver a explicitar que "la reconciliación no es "borrón y cuenta nueva", y menos impunidad. Es necesario: "el empeño en la búsqueda de la verdad, el reconocimiento de cuanto sea deplorable, el arrepentimiento de quienes sean culpables, y la reparación en justicia de los daños causados (cf JUAN PABLO II, Jornada por la Paz 1997). También debemos reconocer que el perdón y la reconciliación son dones de un Dios, que nos hace hermanos".Recemos para alcanzar la verdad, la justicia y la paz, en los corazones y la sociedad.
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