EN MEDIO DE LA CRISIS Y LA VIOLENCIA
Casi un ruego colectivo: necesitamos ver la lucecita al final del túnel
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Fue casi un linchamiento. Por más que quieran disimularlo. Y si no fuera por la policía de Larreta nadie sabe cómo hubiera terminado la cosa. Berni, y pudo hacer sido cualquier otro, la sacó barata. Muchos funcionarios ignoran el clima que se vive en la calle. Lo subestiman. O peor, creen que los medios mienten o lo inflan para responder a intereses oscuros. Todas tonterías para evitar asumir lo que pasa.
Por Jorge Barroetaveña
Esta semana volvieron a pasar fantasmas densos. Esos que insinúan que el gobierno no tendrá cuero para llegar a diciembre sin que la situación explote. ¿Cómo se traduce eso? Una devaluación descomunal que dejará otro tendal de pobreza y miseria. Todos los argentinos salvo unos pocos privilegiados, volveremos a empobrecernos. La inflación implacable hace su trabajo todos los días. Cada vez que se remarca un precio corroe un poco más nuestros bolsillos. Por eso. ¿Alguien puede sorprenderse del rapto de ira e indignación de choferes a quienes acababan de matarle a un amigo? ¿Tomamos dimensión de eso?
Esa gente, como pasa en cada rincón del hiriente conurbano bonaerense sale de su casa cada mañana y no sabe si va a volver. Si será la última vez que le dé un beso en la frente a sus hijos o compartirá un mate con su mujer. Así de cruel e invivible se ha puesto la Argentina. En esa zona de la provincia, donde el intendente de La Matanza es amo y señor, han matado a cuatro choferes en los últimos años. Tienen razones más que justificadas para tener miedo. El estado encima, o los contribuyentes mejor dicho, pusieron mucha plata para la instalación de cámaras en todas las unidades. Todos se hacen los estúpidos ahora mirando para otro lado. No están ni las cámaras ni la plata. Típico de un estado que no controla nada y de empresarios inescrupulosos.
Nada justifica la violencia ni los problemas se van a solucionar de esa manera. Pero Sergio Berni, que se comió el personaje, cayó esa mañana en su helicóptero pensando que con su sola presencia alcanzaría. Ya no. En Buenos Aires matan gente todos los días. La diferencia esta vez fue que Daniel Barrientos tenía compañeros indignados y un gremio movilizado como la UTA. Matan gente para robarle el celular, las zapatillas o el auto cuando están llegando a su casa. La vida no vale nada.
Tan malo como la reacción de la gente, fueron las horas posteriores intentando adjudicarle intencionalidad política a los hechos. Sólo faltó alguien que hubiera visto a Macri en la esquina con un handy dirigiendo el ataque contra el colectivo. Kicillof, balbuceante ante los medios, abonó esa teoría en otro acto de irresponsabilidad. A veces los gobernantes no son concientes del rol que ocupan, del alcance de sus palabras y de lo que pueden generar. Escenas tragicómicas de una decadencia dolorosa.
¿Alguien se ha preguntado porque esto no estalló? Porque hay un gobierno peronista en la Nación que cuenta con el favor de la mayor parte de los gremios. ¿Cuánto hubiera durado un gobierno no peronista en el poder con 100% de inflación anual? Casi al borde de la híper? De hecho, un kirchnerista admitió hace poco que la llegada de Massa a economía evitó que esa imagen terrible del 2001 se repitiera. Claro, la historia profundizará en las razones de la debacle. Los oficialistas le echarán la culpa a Macri y la deuda que les dejó. Los opositores bucearán en la incapacidad del Frente de Todos de acordar políticas de estado y en el fracaso de la alianza política de Alberto con Cristina. Quedó ratificado que aquello de los roles invertidos, uno con el poder de los votos y el otro delegado, no funcionó ni funcionará.
Todas estas razones poco importan al grueso de la sociedad que ve como todos los días vive algo peor. Este año electoral será eterno porque tampoco se ve la luz al final del túnel. El gobierno que llegue el 10 de diciembre también recibirá un país explotado, con 50% de pobres y dólares secos en el Banco Central.
En las últimas horas se conoció una encuesta hecha por gente de la UBA (Universidad de Buenos Aires), del Observatorio de Psicología Social Aplicada. ¿Qué dice?
De los resultados del trabajo se desprenden varias conclusiones, entre ellas un dato alarmante: el alto porcentaje de personas que se iría a vivir a otro país si tuviera la posibilidad de hacerlo.
Cinco de cada 10 residentes de los principales centros urbanos manifiesta que si tuviera la posibilidad emigraría del país. La mayoría de ellos fundamenta su intención en la creencia de que la Argentina “no podrá salir por muchos años de su decadencia”. El porcentaje aumenta entre los jóvenes de 18 a 29 años: el 70% de los encuestados respondieron que se irían a vivir al exterior.
“Las conclusiones que nosotros sacamos son bastante tristes en relación a la Argentina. Y lo que te brinda el país como proyecto de vida y como futuro. Los jóvenes, muy especialmente, y lo vemos también en otros estudios que hacemos sobre otras temáticas, son los que están más desilusionados, más desesperanzados”, explicó, en el Director del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), Gustavo González. Y agregó: “Son los que no ven la luz al final del túnel, son los que sienten que no tienen futuro y por lo tanto esta actitud vinculada con la inmigración, es el reflejo de esta situación de falta de oportunidades que le brinda el país”.
Esta nota, que publicó Infobae esta semana, no llegó al despacho de nadie. Pero es lo que pasa en la calle. Aunque tenue, ojalá esa lucecita al final del túnel, la podamos ver todos. Por favor. Lo necesitamos.

