EL GOBIERNO ANTE EL ESPEJO
Caso Adorni: la paradoja de un gobierno poco tolerante al error
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La parálisis en torno a la continuidad del Jefe de Gabinete ilustra una tentación frecuente del poder: resistir lo inevitable a un costo político innecesario. Mientras tanto, la inestabilidad global por el conflicto en Medio Oriente complica el financiamiento externo y aleja la promesa de inflación por debajo del 1%.
Testarudo es un adjetivo que describe a una persona porfiada, terca u obstinada, inamovible en sus ideas y pensamientos, incluso frente a evidencia contraria. Se refiere a alguien con voluntad firme, pero con pensamientos rígidos, a menudo difícil de convencer o persuadir. Ahora que está de moda la IA, ¿a quién podría caberle este adjetivo?
El escándalo por el caso de Manuel Adorni lleva ya varias semanas y ha consumido todo lo que el gobierno ha tocado. Es llamativa, cuando menos, la parálisis de decisiones en torno al Jefe de Gabinete y su resistencia a presentar la renuncia. En poco más de dos años de gestión el gobierno libertario ha eyectado a decenas de funcionarios de sus cargos. Por temas más o menos importantes, pero el desfile de nombres ha sido incesante. Es, a esta altura una característica que lo diferencia de todas las gestiones anteriores. Salvo algunos personajes estables, por razones obvias como la hermana del Presidente, todos los demás han ido rotando.
Adorni, que ascendió rápidamente en la consideración presidencial, ganó una elección reñida en la Ciudad de Buenos Aires y terminó como Jefe de Gabinete, estaba expuesto. Los que recuerdan los ’90, traen a Carlos Corach a la memoria, fiel escudero de Menem. Más, en los ochentas, el entrerriano César Jaroslavsky era el espadachín verbal de Alfonsín en el Congreso. Es probable que el libertario no llegara tan lejos, pero iba en camino.
El poder suele transformar a las personas o las muestra tal cual son. Nadie sabe cómo será el caso de Adorni, pero el pecado está cometido. Si después del viaje a New York, en el que terminó reconociendo el error de subir a su mujer al avión presidencial, se hubiera ido, el Gobierno se habría ahorrado todo lo que vino después. Si un funcionario se tiene que cuidar para dar una conferencia de prensa, no sirve. En política los errores se pagan y todos los funcionarios son fusibles. Si la banca del exvocero es Karina Milei está cometiendo un error exponiendo al Presidente a sobreactuar gestos públicos.
Hace un mes que se habla de la mujer del funcionario, del “me estoy deslomando”, de sus viajes a Punta del Este y otros lugares del mundo, de sus propiedades… Si Guillermo Franco se tuvo que ir por cuestiones meramente políticas, lo de Adorni no debería merecer mucho más análisis. Los que conocen la intimidad presidencial no descartan que después de Semana Santa haya noticias. Todos los presidentes suelen interpretar que, cuando la opinión pública pide la cabeza de alguien, entregarla es un signo de debilidad. Tengan razón o no. Es probable que así sea. Pero es un riesgo que se corre.
La Guerra en Medio Oriente ha traído inestabilidad a todo el mundo. Economías débiles como la Argentina han quedado expuestas a los coletazos, más allá que el conflicto pueda representar buenas oportunidades en algunos aspectos, sobre todo el energético. Lo que pasa con los combustibles es un ejemplo. YPF anunció ‘un colchón’ para evitar subas bruscas en los próximos 45 días. Nadie, ni Trump sabe cuánto durará la guerra y los mercados se mecen a un lado a otro con sus discursos. Si la guerra dura poco, baja el petróleo, si la guerra dura mucho, sube. Argentina, que husmea cada rincón buscando financiamiento para pagar deuda, tiene otro frente peligroso. La inestabilidad de los mercados dificultará ese financiamiento, independientemente de los deberes que haga Caputo con sus cuentas.
Semejante ruido, tiene a la inflación al alcance de la mano. La promesa de menos de 1% antes de fin de año se aleja con cada turbulencia. Ahí sigue, latente, el principal desafío del gobierno. Tiene además su correlato con los niveles de actividad económica que, más allá de los números del INDEC, sigue haciendo una devolución negativa. En términos prácticos, el repunte sigue sin llegar a la calle. Salvo muy pocas actividades, la mayoría están en rojo. La plata no alcanza y tampoco se puede disimular con fines de semana largos con rutas repletas. Esa es una parte de la realidad, no toda.
Por eso, ante semejante desafío, detenerse en la continuidad o no de un funcionario, por más que sea de alto rango, es una equivocación. Alguien diría que pase el que sigue, casi el criterio que ha tenido Milei para con todos los que llegaron al poder con él o ha ido nombrando a lo largo del camino. En política no se pueden dar todas las batallas, hay que saber elegirlas. A esta altura de la velada, nadie duda sobre quién toma las decisiones y por dónde pasa el poder.
Volvemos al principio y al adjetivo que “adorni” esta columna. No se trata de una investigación científica o penal que requieren de evidencia incontrastable. En política, con indicios, sobra. Si algo huele mal, por las dudas, hay que tomar distancia. Así de sencillo.

