Editorial |

Cataluña y las tensiones secesionistas en Europa

Cataluña es epicentro de fuertes protestas callejeras después de que se conociera el fallo del Tribunal Supremo español por el que se condenó a líderes independentistas.

Los jueces impusieron penas de entre 9 y 13 años de cárcel a 9 de los 12 líderes que organizaron el fracasado intento de secesión de 2017, a quienes se los condena por el delito de sedición.

El fallo encendió la furia por toda Cataluña de los partidarios del separatismo, quienes protagonizaron violentos enfrentamientos con la policía.

La televisión internacional ha mostrado imágenes en las cuales los incendios se convirtieron en protagonistas y las cargas policiales se sucedieron contra los violentos encapuchados equipados con material incendiario y piedras.

El fallo del Tribunal Supremo es el más trascendente para la historia de España tras el franquismo, según la opinión de los analistas, para quienes de esta manera el Estado español pretende conjurar institucionalmente la más seria intentona separatista contemporánea.

Todo comenzó cuando, en claro desafío al gobierno central y a buena parte de la opinión pública española, el parlamento catalán aprobó en 2015 -por 72 votos a favor y 63 en contra- una resolución hacia la independencia catalana, prevista para el año 2017.

Allí se declaró “el inicio del proceso de creación de un Estado catalán independiente en forma de república” y “un proceso de desconexión democrática no supeditada a decisiones de las instituciones del Estado español”. El 27 de octubre de 2017 se aprobó en el Parlamento de Cataluña la declaración unilateral de independencia y el Gobierno de España intervino la autonomía catalana mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución española.

Se celebraron elecciones autonómicas y la intervención terminó en junio de 2018 con el nombramiento de Quim Torra como presidente de la Generalitat (gobierno catalán).

El 12 de febrero de 2019 comenzó el denominado “Juicio del procés” cuya sentencia condenatoria de los líderes catalanes se acaba de conocer, provocando fuerte rechazo en las calles por parte de los independentistas.

El viejo continente ha estado expectante por los acontecimientos españoles. En efecto, la Unión Europea (UE) teme que se abra la caja de Pandora del secesionismo, ahora que está inmersa en otra separación dolorosa, el Brexit, proceso con el que también se ha comparado el desafío independentista en Cataluña.

Europa tiembla ante amenazas de disgregación. Además del movimiento independentista catalán, existen otros similares en Escocia y Flandes, que pretenden separarse del Reino Unido y Bélgica respectivamente.

También están los movimientos de alsacios y córcegos de Francia, frisios de los Países Bajos, italianos de Croacia, polacos de Lituania, independentistas de Irlanda (“Sinn Féin”) y el audaz intento de separación de Crimea -de población pro rusa- de la república de Ucrania, entre otros.

Cuando existen resentimientos regionales o regionalistas dentro de un Estado, sea por motivos históricos, sea por predominios políticos, sea por la injusta distribución del ingreso nacional entre las circunscripciones, sea por discrepancias étnicas, culturales o religiosas, surgen motivos movilizadores de opinión que pueden llevar hacia intentos secesionistas

Los independentistas catalanes, en sus documentos, contraponen la “milenaria tradición de los pueblos y naciones por encima de los Estados” que, según ellos, son “construcciones artificiales”.

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