Chicos vulnerables ante las frustraciones
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La frustración es un sentimiento de privación de una satisfacción vital real o percibida. El tema se ha convertido en objeto de interés en las disciplinas que tienen que ver con la crianza, como la Educación y la Psicología.El diagnóstico de fondo es que la adolescencia posmoderna tiene aquí, en la baja tolerancia a la frustración, su talón de Aquiles emocional. Se habla, concretamente, de "modelos fallidos de crianza" que impiden que los chicos puedan luego enfrentar la vida.Y esto producto de una cultura que les dice a los adolescentes todo el tiempo que para conseguir las cosas basta con desearlas, como si no fuese necesario hacer ningún esfuerzo para alcanzarlas.Los síntomas de baja tolerancia a la frustración son conocidos. Los niños y niñas, por ejemplo, se muestran exigentes y demandantes y buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata, manifestando "rabietas" y llanto desconsolado.Estos chicos son poco flexibles ante los cambios y desarrollan con más facilidad que otros niños síntomas de ansiedad o bajo estado de ánimo. Para algunos especialistas se está en presencia de una verdadera bomba emocional.Y esto porque por no saber lidiar con la frustración los adolescentes son muy proclives a la depresión, al uso de sustancias adictivas, al suicidio, a un estado psicológico de desolación y desesperación, y a la baja autoestima.Ante esta situación que se ha vuelto bastante común, los psicólogos sugieren que los adultos ayuden a los adolescentes a desarrollar mecanismos de supervivencia, planteándoles que la vida siempre presenta dificultades y contratiempos, y que nada se consigue sin una cuota de esfuerzo y disciplina.Una idea cultural de época les ha hecho creer a estos adolescentes que "todo lo van a tener con sólo desearlo", haciéndolos más hedonistas y narcisistas. Pero esto está en las antípodas de la necesidad de postergar gratificaciones para adquirir distintos hábitos y destrezas.Con respecto al futuro profesional, muchos adolescentes, alentados por sus padres, pretende ir a la universidad, pero ese deseo no se corresponde con la realidad de que aprender y estudiar implican un trabajo arduo y absorbente, algo para lo que los jóvenes no están preparados.La baja tolerancia a la frustración suele estar acompañada de una percepción equivocada y exagerada de la situación. "Esto no debería ser así", "es demasiado", dice quien se sienta abrumado.Generalmente es en la infancia cuando se aprende a tolerar la insatisfacción. El niño suele creer que el mundo gira alrededor de él. Piensa que se merece todo lo que quiere, en el momento que quiere.Por eso, cualquier límite o cualquier cosa que se le niega, lo siente como algo injusto y terrible. No puede entender por qué no le dan lo que pide. Si los adultos le dan lo que pide, entonces no aprenderá a "aguantar" la molestia que le provoca la espera o la negación de sus deseos.Los padres y los docentes deben educar a los niños en el concepto de que las cosas no se consiguen con solo desearlas, sino que hay que poner empeño y esfuerzo personal para obtenerlas.Esto sobre todo para que ante cualquier incomodidad, no abandonen sus metas. Además padres y maestros deben inculcarles la idea a los chicos de que la vida no es fácil, sino que está llena de obstáculos a vencer.La frustración es parte de la vida, y el dolor está siempre al acecho. La base del problema no estaría en esta imperfección inexorable de la existencia, sino en la actitud que asumimos ante ella, en orden a manejarla y superarla.
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