Editorial |

Cibercampaña o la captura digital del voto

De cara a las PASO del 11 de agosto, se ha vuelto intensa la campaña de los candidatos en las redes sociales, una búsqueda por los votos que refleja que la lucha electoral se dirime en parte en Facebook, Instagram y Twitter.

Por lo visto estos instrumentos mediáticos posmodernos reemplazan este año a los actos y recorridas tradicionales de la política argentina. En realidad es una vuelta de tuerca a un proceso conocido como “cibercampaña”.

Los sitios electorales de Internet han sido incorporados de lleno al “arsenal” de recursos de una campaña política formal. Se diría que han ido adquiriendo un papel protagónico en la comunicación política.

Es decir, las herramientas digitales ya no son empleadas por las organizaciones partidarias como un elemento complementario sino como una estrategia central en la lucha por la captación de la opinión pública y la movilización del electorado.

Por lo pronto se ve menos la vieja comunicación partidista e ideológica, llena de referencias organizacionales, actos históricos y llamados altruistas.

Parecen haber quedado en el pasado las campañas de la tarima o el escenario, en las que los discursos incendiarios, abstractos y extensos se imponían como forma tradicional de comunicación política.

Un formato en que los electores son vistos como masas, más que como individuos, mucho menos como ciudadanos, los cuales son “pastoreados” y movilizados políticamente por caciques y líderes “populares”.

Aunque todavía muchos candidatos y partidos siguen haciendo política a la vieja usanza, y persiste el formato asociado a la televisión y la radio, o el llamado proselitismo callejero (pancartas y pintadas de paredes), lo cierto es que Internet vino a modificar radicalmente las cosas.

El empleo de esta herramienta de comunicación nacida en la década de 1980 vino a trastocar las relaciones humanas, instaurando la llamada sociedad de la información y del conocimiento.

Internet ha dado vida a un universo de plataformas cada vez más personalizadas, accesibles y masivas. Estas interfaces permiten la difusión de información con múltiples temáticas a grandes cantidades de receptores, en poco tiempo y a un relativo bajo costo.

De hecho hoy asistimos a un fenómeno en el cual los contenidos de las campañas electorales han migrado en buena medida a los sitios web, constituidos como cibermedios.

Los cientistas sociales desde hace algunos años vienen advirtiendo que la irrupción de nuevas tecnologías pone en jaque a la forma tradicional de hacer política.

Las redes sociales trajeron aparejadas la invasión de trolls, memes y, recientemente, las fake news (noticias falsas), muy de moda actualmente. En este contexto mucha gente se pregunta si la comunicación digital venció a la territorial y ha vuelto obsoleta la política tradicional de la tarima y la retórica.

¿Quedaron atrás definitivamente los grandes discursos y las concentraciones públicas convocadas por los partidos y sus candidatos, eventos en que la idea es “llenar plaza”, para mostrar capacidad de convocatoria y movilización política?

El punto es que las actividades en Internet de partidos políticos y ciudadanos durante las campañas electorales forman parte esencial ya de la estrategia y logística comunicacional desplegadas en las democracias avanzadas.

Vivimos épocas de ciberactivismo digital, donde se hace un uso intensivo de los sitios web para ganar votos.

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