Claudio Eckerdt: “Hacemos arroz por tradición y rotación”
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Es uno de pocos productores en la zona que trabaja en el cultivo de arroz. Sigue los pasos de sus mayores: Su padre y su abuelo también se dedicaron a estas labores, pero en tiempos muy diferentes a los actuales, en lo que a tecnología se refiere. El arroz, se sabe, demanda mucho cuidado y tiene costos elevados de producción. Por esto, políticas erróneas para con el sector, falta de créditos y malas cosechas provocaron que muchos arroceros fueran quedando en el camino, algunos inclusive perdieron sus campos por una situación de quebranto irreversible en las últimas décadas.Eckerdt, desde los 12 años, trabaja en el arroz: "Sé lo que es palear en una taipa, junto a mis antecesores, y desde entonces, nunca he dejado de hacer arroz", contó y agregó que "ahora la situación se ha invertido, mis hijos trabajan conmigo, sumándose una generación más de Eckerdt", puntualizó.Recordó que su abuelo comenzó a trabajar en arroz y nunca más se dejó de hacer: "Un poco por tradición porque nos gusta y porque es lo que sabemos hacer; en mi caso, hice dos años de Secundario y después a laburar en el campo porque ni padre me necesitaba. Era el único hijo varón de la familia, el viejo quería seguir fomentando el cultivo y se volvió tradición en la familia. Hoy es muy diferente el trabajo, en relación a lo que hacía mi abuelo. Antes, las taipas se hacían a fierro, a pala, y no eran más de 7 hectáreas, a mediados de los 60, y los números cerraban", recordó Claudio, mientras que en la actualidad se tiene que implantar entre 100 y 150 hectáreas y, acotó, "si el año viene bien puede que quede algún peso"."En la actualidad, se siembra por arriba de las taipas, mientras que antes se sembraba y luego se hacían las taipas. Todo se ha modernizado con el avance de la tecnología, contamos con GPS, se nivela con Laser, aunque los costos son otros", aclaró."El insumo, décadas atrás, era el combustible para alimentar los motores en los pozos chicos y la semilla, mientras que hoy necesitamos, además de la semilla, herbicidas, fertilizantes, pagar arrendamientos, en campos que eran vírgenes para el cultivo y hoy día tenemos que rotar los campos y el arroz no deja de ser una alternativa a la hora de cuidar el recurso", destacó.Si bien trabaja en otras explotaciones agrícolas, tales como la soja, el punto fuerte es el arroz, cultivo que requiere mano de obra especializada, pero no tanto como en los 60, los 70 y los 80: "Hoy con dos personas se puede cosechar tranquilamente, debido a que se trilla en secano. Se larga el agua con tiempo, cuando antes se cosechaba con orugas, requería de mucho personal, motorista, tripero y demás", indicó.Trabaja por el sistema de pozo, donde el insumo más caro "es el gasoil, máxime cuando no tenemos acceso a créditos razonables y si bien trabajar con un sistema de energía eléctrica sería lo ideal, los costos son muy elevados. Comprar un motor, transformar la potencia, lleva a un número muy elevado, mientras que por el sistema de pozo, tenemos herramientas en condiciones y al motor ya lo conocemos y manejamos, acorde a nuestras necesidades", indicó.Lamentablemente muchos arroceros quedaron en el camino. Quebraron y salieron del sistema: "Nosotros seguimos por un tema de rotación y tradición, además porque apostamos distintas explotaciones agropecuarias e incursionamos en la ganadería", comentó.Claudio Eckerdt es uno de los pocos arroceros con trayectoria en la zona que sigue trabajando y viviendo en el campo. Un sobreviviente del profundo éxodo rural que se ha producido en los últimos años en el campo entrerriano.Hacer una arrocera no es un trabajo sencillo, amén de la tecnología, explica Eckerdt: "Hay que estar tres meses con temperaturas altas, controlar las taipas, el nivel de las aguas, que no se pare el motor, vivir prácticamente en la arrocera", finalizó.
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