OPINIÓN
Club de Arqueología de Gualeguaychú: una tecnología del futuro
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Terminaba el 2025 y nos habían notificado ya desde octubre que el órgano de aplicación de la Ley provincial de protección del patrimonio arqueológico (el Museo Antonio Serrano de Paraná) había aprobado el permiso de investigación para trabajar en ocho sitios arqueológicos de la ciudad de Gualeguaychú. Finalmente, el 26 de diciembre se firmó el convenio y concesión de trabajo científico al que con la licenciada Micaela Rossi suscribimos como profesionales responsables de salvaguardar los patrimonios y respetar el marco legal de trabajo. Este permiso no significó recursos, sino la posibilidad de investigar.
Con Micaela, oriunda de Gualeguaychú e hincha de la comparsa Papelitos, nos conocimos en el 2018 cursando la carrera de Antropología con orientación en Arqueología. Primero como estudiantes y luego como graduados, fundamos e integramos la cooperativa de trabajo Arqueoterra Ltda. En la actualidad es una institución científica de gestión cooperativa cuya persona jurídica y bancarización es un insumo institucional que nos es útil para fomentar investigaciones y robustecer nuestros desarrollos laborales.
A principios de este año nació la necesidad de generar un sistema de financiamiento científico comunitario como prueba piloto de Arqueoterra para financiar directamente el proyecto de investigación “Arqueología posthispánica y de la modernidad en Gualeguaychú”. Es decir, para poder tener recursos estables para los trabajadores del proyecto para los viáticos de las campañas de exploración, el trabajo de campo y la adquisición de herramientas.
En la siguiente reunión en el laboratorio, reconocimos que había que proponer un dispositivo acorde al contexto. Y en la ciudad la historia social del deporte y de la comunidad ha colocado en un lugar central la figura de los clubes. A partir de ese concepto fue que se nos prendió una lamparita y dijimos: ¿Y si creamos un Club de Arqueología?
Desde Arqueoterra entendemos a la ciencia como una perspectiva para estudiar la realidad, investigar los procesos históricos materiales pasados y presentes, y a la vez intervenir y participar de los campos de sentido social y de realidad sociopolítica. La arqueología, por su parte, la comprendemos como una ciencia, como una disciplina y como una tecnología social especializada en construir puentes entre aquello enterrado, objetos pasados, perdidos o encontrados, y en consolidar espacios colectivos de reflexión, aprendizaje y reflexión.
Nos paramos en las corrientes de la Ciencia Ciudadana, de la Arqueología Pública y de la Arqueología Comunitaria para reconocer que adquiere mayor relevancia el trabajo científico arqueológico cuando se realiza en conjunto con comunidades, grupos locales, aficionados y personas atravesadas directamente por la materia/el contenido del contexto investigado. Uno de nuestros referentes, el doctor Carlos Landa, nos abrió la cabeza en sus trabajos mancomunados con veteranos de las Malvinas en un proyecto arqueológico de memoria de arqueología de campos de batalla. Bajo esta perspectiva no hay un único saber válido, sino que la riqueza de la diversidad contribuye a la generación de conocimiento multivocal, orientado contextualmente y con posibilidades de crear nuevos lenguajes y tecnopoéticas.
La arqueología en muchas partes del país es un campo de enunciación digno y que genera constantemente nuevos conocimientos, suma valor a los espacios que interviene y produce sentidos socioterritoriales. En Gualeguaychú, hasta la llegada de Arqueoterra, no había equipos directamente insertos en la ciudad. Al mismo tiempo, el Museo Almeida, con quien colaboramos y acompañamos, nos dejó la enseñanza de Manuel Almeida, el primer arqueólogo comunitario de la ciudad. Apropiarse del territorio, interrogar la identidad, difundir las vidas pasadas son claves para la conciencia histórica y replantear los modelos productivos, las desigualdades o las violencias.
Es importante que haya iniciativas científicas en la ciudad porque es uno de los elementos de desarrollo de un territorio. Al mismo tiempo, hacer arqueología local es soberanía y capacidad de producir conocimiento local científico e interpelado por las preguntas de cada contexto donde se insertan las excavaciones y activaciones patrimoniales. Tener un Club de Arqueología en Gualeguaychú significa inaugurar una tecnología del futuro.
Al ser el primero de toda la Argentina, es una experiencia social única e invaluable. Mientras que, por un lado, su fundación implica que el proyecto de investigación científica va a estar acompañado por una masa crítica de aficionados, estudiantes y otros profesionales de las ciencias del patrimonio (en su gran mayoría vecinos y vecinas), por otro, significa que va a adquirir sustentabilidad, estructura de trabajo constante y continuidad en el tiempo. Con la fundación del club se inaugura un dispositivo cuyo sostén colectivo nos va a permitir seguir explorando el pasado, los misterios y los asombros de Gualeguaychú y del litoral ¡Para que haya arqueología para rato!

